La Revelación de Jesucristo
Vers. 1-3: La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder presto; y la declaró, enviándola por su ángel a Juan su siervo, el cual ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto. Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas: porque el tiempo está cerca.
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Cristo envió la Revelación y la hizo conocer a Juan por "su ángel." Aquí parece presentarse un ángel en particular. ¿Qué ángel puede llamarse con propiedad el ángel de Cristo? Ya encontramos la respuesta a esta pregunta en nuestro estudio, como se verá en los comentarios sobre Daniel 10:21. Llegamos allí a la conclusión de que las verdades destinadas a ser reveladas a Daniel fueron confiadas exclusivamente a Cristo y a un ángel llamado Gabriel. Similar a la obra de comunicar una verdad importante al profeta amado, es la obra de Cristo en el libro del Apocalipsis; es la transmisión de una verdad importante al "discípulo amado." ¿Quién puede ser en esta obra su ángel sino aquel que ayudó a Daniel en la obra profética anterior, a saber el ángel Gabriel? Parecería también muy apropiado que el mismo ángel que fue empleado para transmitir mensajes al profeta amado de antaño, desempeñase el mismo cargo para el profeta Juan en la era evangélica. (Véanse los comentarios sobre Apocalipsis 19:10.) |
| Una bendición para el lector | "Bienaventurado el que lee, y los que oyen
las palabras de esta profecía." ¿Se pronuncia alguna bendición tan directa
y categórica sobre la lectura y observancia de cualquier otra parte de la
Palabra de Dios? ¡Cuánto nos estimula esto a estudiarla! ¿Diremos que no
se la puede comprender? ¿Sería lógico ofrecer una bendición por estudiar
un libro cuyo estudio no nos beneficiara? Dios ha pronunciado su bendición
sobre el lector de esta profecía, y ha sellado con su aprobación el
ferviente estudio de sus páginas maravillosas. Con este estímulo de fuente
divina, el hijo de Dios no puede ser inquietado por mil contraataques de
los hombres. Todo cumplimiento de la profecía impone deberes. Hay en el Apocalipsis cosas que deben ser observadas y cumplidas. Deben ejecutarse deberes como resultado de la comprensión y del cumplimiento de la profecía. Un caso notable de esta clase puede verse en Apocalipsis 14:12, donde se dice: "Aquí están los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús." |
| El tiempo está cerca | "El tiempo está cerca," escribe Juan, y al
decir esto nos da otro motivo para estudiar su libro. Este se vuelve cada
vez más importante a medida que nos acercamos a la gran consumación. Con
referencia a este punto ofrecemos los pensamientos impresionantes de otro
escritor: "Con el transcurso del tiempo, aumenta la importancia que tiene
el estudio del Apocalipsis. Hay allí 'cosas que deben suceder presto.'...
Ya cuando Juan registró las palabras de Dios, el testimonio de Jesucristo
y todas las cosas que vio, se acercaba el largo período durante el cual se
habían de realizar estas escenas sucesivas. La primera de toda la serie
conectada estaba a punto de cumplirse. Si su proximidad constituía
entonces un motivo para prestar oído al contenido del libro, ¡cuánto más
ahora! Todo siglo que pasa, todo año que transcurre, intensifica la
urgencia con que debemos prestar atención a esta parte final de la Sagrada
Escritura. Y ¿no realza acaso aun más el carácter razonable de esta
exigencia la intensidad con que nuestros contemporáneos se dedican a las
cosas temporales? Por cierto que nunca ha habido una época en que se
necesitara más que ahora alguna fuerza poderosa para contrarrestar esta
intensidad. La Revelación de Jesucristo debidamente estudiada nos
proporciona una influencia correctora apropiada. Ojalá que todos los
cristianos recibiesen en la mayor medida la bendición destinada al 'que
lee y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en
ella escritas: porque el tiempo está cerca.' " 1 1 Augusto C. Thompson, "Morning Hours in Patmos," págs. 28, 29. |