Las Profecías del Apocalipsis

Capítulo 11 · La Batalla entre la Biblia y el Ateísmo


La séptima trompeta

VERS. 15-17: Y el séptimo ángel tocó la trompeta, y fueron hechas grandes voces en el ciclo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser los reinos de nuestro Señor, y de su Cristo: y reinará para siempre jamás. Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus sillas, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios, diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu grande potencia, y has reinado.

Parecería que desde el vers. 15 hasta el fin del capítulo, se nos hace recorrer tres veces distintas todo el trayecto desde el toque del séptimo ángel hasta el fin. En los versículos aquí citados, el profeta mira hacia adelante al pleno establecimiento del reino de Dios. Aunque la séptima trompeta empezó a tocar, puede ser que todavía no se oyen las grandes voces del cielo que han de proclamar que los reinos de este mundo han llegado a ser los reinos de nuestro Señor y de su Cristo, a menos que sea en anticipación del rápido cumplimiento del suceso. Pero la séptima trompeta, como las seis precedentes, abarca un plazo de tiempo, y la transferencia de los reinos de las potencias terrenales a Aquel cuyo es el derecho a reinar, es el acontecimiento principal que ha de ocurrir durante los primeros años en que toque. De ahí que este acontecimiento, con exclusión de todo lo demás, requiere la atención del profeta. (Véanse las observaciones sobre el vers. 19.) En el versículo siguiente, Juan retrocede y considera acontecimientos intercalados.

VERS. 18: Y se han airado las naciones, y tu ira es venida, y el tiempo de los muertos, para que sean juzgados, y para que des el galardón a tus siervos los profetas, y a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeñitos y a los grandes, y para que destruyas los que destruyen la tierra.

Se han airado las naciones Principiando con el estallido espontáneo de las revoluciones en Europa en 1848, la ira de una nación contra otra ha ido constantemente en aumento. Los celos y los odios entre las naciones han sido la regla más bien que la excepción. Esto se ha manifestado particularmente en las dos guerras mundiales del siglo XX, cuando parecía que los hombres estaban dispuestos a aniquilar naciones enteras en el fuego de su ira.

Estas son las palabras exactas de un profesor de la Universidad de Harvard:

"Lo que ha transcurrido del siglo XX ha sido el período más sangriento y uno de los más turbulentos, y por lo tanto uno de los más crueles y menos humanitarios, en toda la historia de la civilización occidental y tal vez en las crónicas de la humanidad en general."11

Tu ira es venida La ira de Dios hacia la generación actual se completa en las siete últimas plagas (Apocalipsis 15:1), a las cuales debemos referirnos por consiguiente, y que pronto han de ser derramadas sobre la tierra.
El tiempo de los muertos, para que sean juzgados La gran mayoría de los muertos, es decir los impíos, siguen en sus tumbas después de haber caído las plagas, y haberse clausurado la era evangélica. Una obra de juicio, destinada a asignar a cada uno el castigo que merece por sus pecados, es realizada por los santos juntamente con Cristo durante los mil años que siguen a la primera resurrección, (1 Corintios 6:2: Apocalipsis 20:4.) Por cuanto este juicio de los muertos sigue a la ira de Dios, o las siete últimas plagas, parece que es necesario referirse a él como al juicio de los impíos durante los mil anos, que ya se ha mencionado; porque el juicio investigador se realiza antes que las plagas sean derramadas.
Que des el galardón a tus siervos los profetas Ellos entrarán en su recompensa cuando se produzca la segunda venida de Cristo, porque él trae su galardón consigo. (Mateo 16:27; Apocalipsis 22:12.) Pero los santos no recibirán su recompensa completa hasta que entren en posesión de la nueva tierra. (Mateo 25:34.)
El castigo de los impíos Para que destruyas los que destruyen la tierra," se refiere al tiempo en que todos los impíos, que han asolado literalmente vastas regiones y destruido innumerables vidas humanas, serán para siempre devorados por aquellos fuegos purificadores que Dios manda del cielo. (2 Pedro 3:7; Apocalipsis 20:9.) Así llega a su fin la séptima trompeta a la terminación de los mil años. Es un pensamiento que nos llena de gozo, pero también de pavor. La trompeta que ahora suena llega hasta la destrucción final de los impíos, y hasta el momento en que los santos, revestidos de la inmortalidad gloriosa, se hallarán establecidos y seguros en la tierra renovada.

VERS. 19: Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su testamento fue vista en su templo. Y fueron hechos relámpagos y voces y truenos y terremotos y grande granizo.

El templo abierto Una vez más el profeta nos hace volver al comienzo de la trompeta. Después de introducir la séptima trompeta en el versículo 15, el primer gran acontecimiento que se presenta al vidente es el traslado del dominio del reino terrenal al gobierno celestial. Dios asume su gran poder, y aplasta para siempre la rebelión de esta tierra, y establece a Cristo en su propio trono, y permanece como el poder supremo sobre todos. Luego se nos hace regresar a la condición de las naciones, el juicio que ha de caer sobre ellas, y el destino final tanto de los santos como de los pecadores. (Vers. 18.) Después que se ha recorrido este campo de la visión, nuestra atención es invitada nuevamente a retroceder en el versículo que consideramos, a la terminación del sacerdocio de Cristo, la última escena de la obra de misericordia en favor de un mundo culpable.

El templo está abierto, y se entra en el segundo departamento del santuario. Sabemos que es el lugar santísimo el que está abierto aquí, porque se ve el arca; y solamente en ese departamento se depositaba el arca. Esta apertura sucedió al fin de los 2.300 días, cuando el santuario había de ser purificado. (Daniel 8:14.) En ese momento terminaron los períodos proféticos y empezó a tocar su trompeta el séptimo ángel. Desde 1844, el pueblo de Dios ha visto por la fe la puerta abierta en el cielo, y el arca del testamento de Dios en el interior. Está procurando observar todo precepto de la santa ley escrita en las tablas depositadas allí. Que las tablas de la ley están allí, como estaban en el arca del santuario erigido por Moisés, es evidente por los términos que Juan usa al describir el arca. La llama el "arca de su testamento."

El arca se llamaba el arca del pacto, o testamento, porque fue hecha con el propósito expreso de contener las tablas del testimonio o diez mandamientos. (Éxodo 25:16; 31:18; Deuteronomio 10:2, 5.) No tenía otro uso, y debía su nombre tan sólo al hecho de que contenía las tablas de la ley. Si no contuviese las tablas, no sería el arca del testamento de Dios, y no podría llamarse así con verdad. Sin embargo, Juan, contemplando el arca en el cielo mientras está tocando la séptima trompeta, la sigue llamando "el arca de su testamento," con lo cual nos proporciona una prueba irrefutable de que la ley está todavía allí, sin que se haya alterado una jota o tilde de la copia que por un tiempo fue entregada al cuidado de los hombres en el arca típica del tabernáculo durante el tiempo de Moisés.

Los discípulos de la palabra profética han recibido también la vara y están midiendo el templo y el altar y los que adoran allí. (Apocalipsis 11:1.) Están proclamando su última profecía ante las naciones, pueblos y lenguas. (Apocalipsis 10:11.) No tardará en clausurarse el drama con los relámpagos, truenos, voces, y terremotos, y el grande granizo que constituirán la última convulsión de la naturaleza antes que todas las cosas sean hechas nuevas al final de los mil años. (Apocalipsis 21:5.) (Véanselos comentarios sobre Apocalipsis 16:17-21.)


11 Pitirim A. Sorokin, "Social and Cultural Dynamics," tomo 3, pág 487.


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