Las Profecías del Apocalipsis

Capítulo 2 · Las cartas de Jesús a las Iglesias


Mensajes a las siete iglesias

En el primer capítulo, el profeta bosquejó el tema de las siete iglesias y su ministerio, representadas las primeras por los siete candeleros y el último por las siete estrellas. Ahora considera a cada iglesia en particular, y escribe el mensaje que le está destinado, dirigiendo en cada caso la epístola al ángel de la iglesia, o sea su ministerio.

El mensaje a Efeso

Vers. 1-7: Escribe al ángel de la iglesia en Efeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el cual anda en medio de los siete candeleros de oro, dice estas cosas: Yo sé tus obras, y tu trabajo y paciencia; y que tú no puedes sufrir los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado por mi nombre, y no has desfallecido. Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor. Recuerda por tanto de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré presto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido. Mas tienes esto, que aborreces los hechos de los Nicolaítas; los cuales yo también aborrezco. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.

La iglesia de Efeso. En las observaciones referentes a Apocalipsis 1:4, se han presentado algunas de las razones por las cuales los mensajes dirigidos a las siete iglesias deben considerarse como proféticos y aplicables a siete períodos distintos que abarcan la era cristiana. Puede añadirse aquí que esta opinión no es nueva. Tomás Newton dice: "Muchos contienden, y entre ellos hombres tan sabios como Moro y Vitringa, que las siete epístolas son proféticas de otros tantos períodos sucesivos y estados de la iglesia desde el comienzo hasta la conclusión de todo." 1

Tomás Scott dice: "Muchos expositores se han imaginado que estas epístolas dirigidas a las siete iglesias eran profecías bíblicas de siete períodos distintos, en los cuales se iba a dividir todo el plazo desde el tiempo de los apóstoles hasta el fin del mundo." 2

Aunque ni Newton ni Scott apoyan esta opinión, su testimonio demuestra que la habían albergado muchos expositores. Dos de ellos dicen:

"El más antiguo comentador del Apocalipsis cuya obra haya llegado hasta nosotros, fue Victorino, obispo de Pettau, o Petavio, que sufrió el martirio en el año 303. Era contemporáneo de Ireneo, y hombre de piedad y diligencia en la presentación de las enseñanzas de las Escrituras, y vigoroso en su percepción del significado de los escritores sagrados. Con excepción de algunos fragmentos, la mayor parte de sus escritos se ha perdido. Sobreviven sus comentarios del Apocalipsis, en un texto menos puro de lo que podríamos desear, pero bastan para darnos el resumen de sus opiniones. En su Scholia in Apocalypsin, dice que lo que Juan dirige a una iglesia lo dirige a todas; que Pablo fue el primero en enseñar que hay siete Iglesias en el mundo entero, y que las siete Iglesias nombradas representan la Iglesia Católica universal; y que Juan, a fin de observar el mismo método, no se había excedido del número de siete.

"Lo que Victorino quiere decir es que Pablo, al escribir a siete Iglesias, y solamente a siete, quería dar a entender que todas las iglesias de todos los tiempos quedan abarcadas en las siete; y que, de la misma manera, las siete Iglesias del Apocalipsis están destinadas a abarcar todas las iglesias del mundo: es decir la Iglesia Católica universal de todas las edades. Tal era también la opinión de Ticonio, en el siglo IV; de Aretas de Capadocia y Primasio de Adrumeto, en el VI; y de Vitringa, Mede, Moro, Girdlestone y muchos otros teólogos de épocas ulteriores." 3

"Mede expuso las Siete Epístolas como proféticas de las Siete Edades de la Iglesia, en forma tal que todo lo bueno se hallase allí profetizado acerca de ella y todo lo malo acerca de Roma (véase Trench, loc. cit., pág. 228). Más tarde aún, Vitringa expuso las epístolas según el mismo principio; y escribe (págs. 32-36): 'Existimo Spiritum S. sub typo et emblemate Septem Ecclesiarum Asiae nobis . . . voluisse depingere septem vanantes status Ecclesiae Christianae . . . usque ad Adventum Domini'; añadiendo 'demonstratur illas Prophetice non Dogmatice esse exponendas.'

"Mede (en sus 'Obras,' Advert, cap. 10, pág. 905) presenta más ampliamente su opinión como sigue: 'Si consideramos que su número es siete, que es un número de revolución de veces, o si consideramos la elección del Espíritu Santo que no abarca todas las iglesias ni siquiera las más famosas del mundo, como Antioquía, Alejandría, Roma, . . . si se consideran bien estas cosas, ¿no puede verse que estas siete iglesias, además de su aspecto literal, estaban destinadas a ser como modelos y figuras de las diversas edades de la iglesia católica desde el principio hasta el fin? De manera que estas siete iglesias serían para nosotros muestras proféticas de siete temperamentos y estados sucesivos de toda la iglesia visible según sus diversas edades. . . . Y si esto se concede . . . entonces ciertamente la Primera Iglesia (o sea el estado efesio) debe ser la primera, y la última será la postrera. . . . La mención de los falsos judíos y la sinagoga de Satanás (en Apocalipsis 2) al hablar a las cinco iglesias del medio, indica que pertenecen a los tiempos de la Bestia y Babilonia. Y en cuanto a la sexta en especial tenemos un carácter adecuado donde situarla; a saber, parcialmente hacia el tiempo en que la Bestia cae, y parcialmente después de su destrucción, cuando viene la Nueva Jerusalén.' "4

De los autores citados se desprende que lo que indujo a los comentadores de tiempos más modernos a descartar la opinión que atribuía una naturaleza profética a los mensajes de las siete iglesias, es la doctrina comparativamente reciente y antibíblica del milenario temporal. La última condición de la iglesia, según se describe en Apocalipsis 3:15-17, se considera incompatible con el estado glorioso de cosas que ha de existir en esta tierra durante mil años, cuando todo el mundo se haya convertido a Dios. En este caso, como en muchos otros, se procura que la opinión bíblica se adapte a otra más agradable. Como en los tiempos antiguos, los corazones humanos siguen amando las cosas lisonjeras, y sus oídos se mantienen siempre abiertos favorablemente para los que predicen la paz.

La primera iglesia nombrada es Efeso. Según la interpretación que damos aquí, este símbolo abarcaría el primer período de la iglesia, o sea el apostólico. La definición de la palabra "Efeso" es "deseable," palabra que describe fielmente el carácter y la condición de la iglesia durante su primera etapa. Los cristianos primitivos habían recibido la doctrina de Cristo en toda su pureza. Disfrutaban los beneficios de los dones del Espíritu Santo. Se distinguían por sus obras, labores y paciencia. Fieles a los principios puros enseñados por Cristo, no podían soportar a los que obraban mal, y probaban a los falsos apóstoles, descubrían cuál era su verdadero carácter y los hallaban mentirosos. No tenemos evidencia de que la iglesia literal de Efeso hiciese esto en mayor escala que otras iglesias de aquel tiempo. No lo da a entender el apóstol Pablo en la epístola que dirige a esa iglesia. Era una obra que toda la iglesia cristiana realizaba en aquel tiempo; y era muy propio que lo hiciese. (Véase Hechos 15:2; 2 Corintios 11:13.)

El ángel de la iglesia

 

El ángel de una iglesia debe representar un mensajero o ministro de aquella iglesia. Como cada iglesia abarca cierto plazo, el ángel de cada iglesia debe representar al ministerio, o sea a todos los verdaderos ministros de Cristo durante el período abarcado por esa iglesia. Por el hecho de que los diferentes mensajes iban dirigidos a los ministros, no deben entenderse como aplicables a ellos solos, sino que se dirigen apropiadamente a la iglesia por su intermedio.
Una causa de queja "Tengo contra ti–dice Cristo–que has dejado tu primer amor." "El abandono del primer amor es tan merecedor de una amonestación como el apartarse de una doctrina fundamental o de la moralidad bíblica. No se acusa aquí a la iglesia de haber caído de la gracia, ni de haber dejado que se extinguiese su amor, sino de que éste disminuyó. No hay celo ni sufrimiento que pueda expiar la falta del primer amor." 5 Nunca debe llegar en la experiencia del cristiano la ocasión en que, si se le interroga acerca de cuál es el momento de su mayor amor hacia Cristo, no pueda decir: "El actual." Pero si llega una ocasión tal, entonces debe recordar de dónde cayó, meditar en ello, evocar cuidadosamente el estado de su anterior aceptación con Dios, y apresurarse a arrepentirse y desandar sus pasos hasta llegar a aquella posición deseable. El amor, como la fe, se manifiesta por las obras; y el primer amor, cuando se alcance, producirá siempre sus correspondientes obras.
La amonestación "Vendré presto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido." La venida mencionada aquí debe ser una venida figurativa. Significa juicio o castigo, por cuanto es condicional. El quitamiento del candelero significa que se privará a la iglesia de la luz y las ventajas del Evangelio para confiarlas a otras manos, a menos que ella desempeñe mejor las responsabilidades de su cometido. Significa que Cristo rechaza a sus miembros como representantes suyos que han de llevar la luz de su verdad y Evangelio ante el mundo. Esta amenaza se aplica tanto a los miembros individuales como a la iglesia en conjunto. No sabemos cuántos de los que profesaban el cristianismo durante ese período fueron deficientes y rechazados, pero indudablemente fueron muchos. Así fueron siguiendo las cosas, permaneciendo algunos firmes, apostatando otros, y dejando de transmitir luz al mundo; pero nuevos conversos llenaban mientras tanto las vacantes dejadas por la muerte y la apostasía, hasta que la iglesia alcanzó en su experiencia una nueva era, señalada por otro período de su historia, y abarcada por otro mensaje.
Los nicolaítas ¡Cuán dispuesto está Cristo a elogiar a su pueblo por cualesquiera buenas cualidades que posean! Si hay algo que él aprueba, lo menciona primero. En este mensaje a la iglesia de Efeso, después de mencionar primero sus características elogiosas, y luego sus fracasos, como si no quisiera pasar por alto ninguna de sus buenas cualidades, dice que sus miembros aborrecían las acciones de los nicolaítas, que él también aborrecía. Las doctrinas de los mismos se condenan en el vers. 15. Parece que eran personas cuyas acciones y doctrinas eran abominación para el cielo. Su origen es en cierto modo dudoso. Algunos dicen que provenían de Nicolás de Antioquía, uno de los siete diáconos, (Hechos 6:5); otros aseguran que le atribuían a él el origen de sus doctrinas para tener el prestigio de su nombre, mientras que una tercera opinión es que la secta recibió su nombre de cierto Nicolás de fecha ulterior. La última teoría es probablemente la más correcta. En cuanto a sus doctrinas y prácticas, parecería que preconizaban la comunidad de esposas, consideraban con indiferencia el adulterio y la fornicación, y permitían que se comiesen cosas ofrecidas a los ídolos. (Véanse Clarke, Kitto, y otros comentadores.)
La invitación a prestar atención "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias." Esta es una manera solemne de atraer la atención universal a lo que es de importancia general y portentosa. Se dirige el mismo lenguaje a cada una de las siete iglesias. Cristo, cuando estuvo en la tierra, empleó la misma forma de hablar al llamar la atención de la gente a las más importantes de sus enseñanzas. La usó con referencia a la misión de Juan (Mateo 11:15), la parábola del sembrador (Mateo 13:9), y la parábola de la cizaña, que recalcaba el fin del mundo (Mateo 13:43). También se usa en relación con el cumplimiento de una profecía importante en Apocalipsis 13:9.
La promesa hecha al vencedor Al vencedor se le promete que comerá del árbol de la vida que crece en medio del paraíso, o huerto de Dios. ¿Dónde está ese paraíso? Está en el tercer ciclo. Pablo escribe, en 2 Corintios 12:2, que conocía a un hombre (se refería a sí mismo) que fue arrebatado al tercer cielo. En el vers. 4 dice que fue arrebatado al "Paraíso," lo cual nos permite sacar una sola conclusión, a saber que el Paraíso se halla en el tercer cielo. Parece que en ese Paraíso está el árbol de la vida. La Biblia presenta un solo árbol de la vida. Lo menciona seis veces; tres en Génesis, y otras tres en el Apocalipsis; pero cada vez el nombre va acompañado del artículo definido "el." Es el árbol de la vida en el primer libro de la Biblia, el árbol de la vida en el último; el árbol de la vida en el "Paraíso" (término usado por "huerto" en la traducción griega de Génesis), en el Edén en el principio, el árbol de la vida en el Paraíso celestial del cual habla ahora Juan. Si hay solamente un árbol, y estaba al principio en la tierra, se puede preguntar cómo es que ahora está en el cielo. La respuesta es que debe haber sido llevado al Paraíso celestial. La única manera en que un mismo cuerpo antes situado en un lugar pueda situarse en otro, consiste en que se lo transporte allí. Hay buenas razonas para creer que el árbol de la vida y el Paraíso fueron trasladados de la tierra al cielo. Un comentador observa al respecto:

"El acto de Dios al colocar querubines 'para guardar el camino del árbol de la vida" (Génesis 3:24) en el huerto de Edén, no tiene solamente su aspecto de severidad judicial, sino que es también, en cierto sentido, una promesa llena de consuelo. La morada bienaventurada de la cual se expulsó al hombre, no es aniquilada ni abandonada a la desolación y la ruina, sino retirada de la tierra y del hombre, y consignada al cuidado de los seres más perfectos de Dios, a fin de que pueda ser devuelta finalmente al hombre cuando haya sido redimido. (Apocalipsis 22:2.) E huerto, como existió antes que Dios lo plantara y adornara, cayó bajo la maldición, como el resto de la tierra, pero el aditamento celestial y paradisíaco fue eximido y confiado a los querubines. El Paraíso verdadero (ideal) ha sido trasladado al mundo invisible. Por lo menos una copia simbólica de él, establecida en el lugar santísimo del tabernáculo, fue concedida al pueblo de Israel, de acuerdo con el modelo que Moisés vio en el monte (Exodo 25:9, 40); y el original mismo, como renovada habitación del hombre redimido, bajará finalmente a la tierra. (Apocalipsis 21:10.)"'6

Al vencedor se le promete, pues, una restauración que incluirá más de lo que Adán perdió. Esta promesa se dirige no solamente a los vencedores de aquel período de la iglesia, sino a todos los vencedores de todas las épocas, porque las grandes recompensas del cielo no tienen restricciones. Esfuérzate, lector, por ser vencedor, porque el que obtiene acceso al árbol de la vida en medio del Paraíso de Dios, no morirá más.

El plazo de la iglesia El plazo abarcado por la primera iglesia puede considerarse como el transcurrido desde la resurrección de Cristo hasta el final del primer siglo, o hasta la muerte del último de los apóstoles.

1 Tomás Newton, "Dissertations on the Prophecies," tomo 2, pág. 167.

2 Tomás Scott, "Commentary," tomo 2, pág. 754, nota sobre Apocalipsis 2:1.

3 José A. Seiss, "The Apocalypse," tomo 1, págs. 128, 129.

4 F C. Cook, "The Bible Commentary, New Testament," tomo 4, págs. 530, 531.

5 Augusto C. Thompson, "Morning Hours in Patmos," págs. 122, 123.

6 Juan H. Kurtz, "Manual of Sacred History," pág. 50.

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