Las Profecías del Apocalipsis

Capítulo 3 · "He Aquí, Yo Estoy a la Puerta y Llamo"


El mensaje a Sardis

Vers. 1-6: Y escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete Espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice estas cosas: Yo conozco tus obras, que tienes nombre que vives, y estás muerto. Sé vigilante y confirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. Acuérdate pues de lo que has recibido y has oído, y guárdalo, y arrepiéntete. Y si no velares, vendré a ti como ladrón, y no sabrás en qué hora vendré a ti. Mas tienes unas pocas personas en Sardis que no han ensuciado sus vestiduras: y anclaran conmigo en vestiduras blancas; porque son dignos. El que venciere, será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

La iglesia de Sardis Si se han fijado correctamente las fechas de las iglesias precedentes, el período abarcado por la iglesia de Sardis debe empezar hacia 1798. "Sardis" significa "príncipe o canto de gozo," o "lo que queda." Son, pues, las iglesias reformadas las que constituyen esta iglesia, desde la fecha mencionada arriba hasta el gran movimiento que señaló otra era en la historia del pueblo de Dios.
La causa de queja El gran defecto que se le reprocha al ángel de Sardis es que tiene nombre de que está vivo, pero está muerto. ¡Cuán elevada fue la posición que, desde un punto de vista mundano, ocupó la iglesia nominal durante ese período! Llaman la atención sus títulos altisonantes, y el favor que gozó con el mundo. Pero tanto se habían desarrollado en ella el orgullo y la popularidad que la espiritualidad había sido destruida, se había borrado la línea de separación entre la iglesia y el mundo, y las diferentes organizaciones populares eran iglesias de Cristo solamente de nombre.

Esta iglesia había de oír la proclamación de la doctrina del segundo advenimiento. "Y si no velares, vendré a ti como ladrón." Esto implica que la doctrina de! advenimiento sería proclamada, y se encargaría a la iglesia el deber de velar. La venida de la cual se habla es incondicional; es condicional solamente la manera en que se produciría para cada uno de sus miembros. El hecho de que no velasen no impediría la venida del Señor; pero si velaban podrían evitar que los sorprendiese como un ladrón. El día del Señor sorprenderá únicamente a quienes no velen. "Mas vosotros, hermanos –dice Pablo,– no estáis en tinieblas, para que aquel día os sobrecoja como ladrón." (1 Tesalonicenses 5:4.)

"Unas pocas personas en Sardis," parecería implicar un período de mundanalidad sin parangón en la iglesia. Pero aun en este estado de cosas, hay algunos cuyas vestiduras no se han contaminado, algunos que se han mantenido libres de la influencia corruptora del pecado. Santiago dice: "La religión pura y sin mácula delante de Dios y Padre es ésta: visitar los huérfanos y las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha de este mundo." (Santiago 1:27.)

La promesa hecha al vencedor "Andarán conmigo en vestiduras blancas." El Señor no pasa por alto a sus hijos en ningún lugar, por pocos que sean. Cristiano solitario, que no puedes tener comunión con otros de la misma fe preciosa, ¿te parece a veces que las huestes de los incrédulos te han de absorber? El Señor no se ha olvidado de ti. La multitud de los impíos que te rodea no puede ser tan grande que te oculte de su visión. Si te mantienes sin mancha del mal que te rodea, la promesa es segura. Obtendrás la vestidura blanca del vencedor. Andarás con tu Señor en gloria. "Porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes vivas de aguas: y Dios limpiará toda lágrima de los ojos de ellos." (Apocalipsis 7:17.)

El ser vestido de vestidura blanca nos es explicado en otros pasajes como símbolo del trueque de la iniquidad por la justicia. (Véase Zacarías 3:4, 5.) La orden: "Quitadle esas vestimentas viles," nos es explicada por el lenguaje que sigue: "Mira que he hecho pasar tu pecado de ti." El "lino fino," o vestidura blanca, "son las justificaciones de los santos." (Apocalipsis 19:8.)

El libro de la vida Aquí se introduce un objeto de interés conmovedor. ¡Voluminoso libro, en el cual están inscritos los nombres de todos los candidatos a la vida eterna! ¿Existe el peligro de que, después que nuestros nombres hayan sido anotados en ese diario celestial, puedan ser borrados? Sí, o esta amonestación no habría sido escrita. Aun Pablo temía ser desechado. (1 Corintios 9:27.) La única manera en que nuestros nombres pueden ser retenidos en ese libro consiste en que nos mantengamos vencedores hasta el fin. Pero no todos ganarán la victoria. Sus nombres, por supuesto, serán borrados. Se alude aquí a algún momento futuro definido en el cual se hará esta obra. Dice Cristo: "No borraré" los nombres de los vencedores, lo cual implica también que al mismo tiempo borrará los nombres de los que no hayan vencido. ¿No será en el tiempo mencionado por Pedro? "Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; pues que vendrán los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor." (Hechos 3:19.)

Decir al vencedor que su nombre no será borrado del libro de la vida, es también decir que sus pecados serán borrados del libro en el cual están registrados, para no ser recordados contra él. (Hebreos 8:12.) Significa que, o su nombre o sus pecados tienen que ser borrados de los registros celestiales. ¡Cuán precioso es el pensamiento de que ahora somos perdonados si confesamos nuestras transgresiones! Entonces, si permanecemos fieles a Dios, estos pecados serán borrados cuando venga Jesús.

Cuando llegue esa hora decisiva, que no puede estar ya muy lejos en lo futuro, ¿cuál será tu caso, lector? ¿Habrán sido borrados tus pecados, y tu nombre conservado en el libro de la vida? O ¿será borrado tu nombre del libro de la vida, y tus pecados dejados para que presenten su espantoso testimonio contra ti?

La presentación en la gloria "Confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles." Cristo enseñó que según los hombres lo confesaran o le negaran, lo despreciaran o le honraran aquí, él los confesaría o negaría delante de su Padre en el ciclo y delante de sus santos ángeles. (Mateo 10:32, 33; Marcos 8:38; Lucas 12:8, 9.) ¡Quién puede medir el honor que representa el ser aprobado delante de las huestes celestiales! ¡Quién puede concebir la felicidad de aquel momento en que seremos reconocidos por el Señor de la vida delante de su Padre como aquellos que hicieron su voluntad, pelearon la buena batalla, corrieron la carrera, le honraron delante de los hombres, vencieron, y cuyos nombres son, por los méritos de él, dignos de permanecer en el registro imperecedero del libro de la vida para siempre jamás!

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