Las Profecías del Apocalipsis

Capítulo 5 · El Desafío del Libro Sellado


El rollo y el Cordero

VERS. 1: Y vi en la mano derecha del que estaba sentado sobre el trono un libro escrito de dentro y de fuera, sellado con siete sellos.

Al iniciarse este nuevo capítulo, el apóstol tiene siempre la misma visión en su mente. Con las palabras "del que estaba sentado sobre el trono," quiere designar evidentemente al Padre, puesto que introduce más tarde al Hijo como "un Cordero como inmolado." El libro que Juan vió contenía una revelación de las escenas que iban a desarrollarse en la historia de la iglesia hasta el fin del tiempo. El hecho de que el volumen se hallaba en la diestra de Aquel que estaba sentado en el trono puede significar que el conocimiento del futuro incumbe a Dios solo, excepto en lo que él considere propio revelar a otros.

El libro sellado Los libros que se usaban en el tiempo en que fue dado el Apocalipsis no tenían la forma de nuestros libros actuales. No consistían en una serie de hojas encuadernadas, sino que se componían de tiras de pergamino u otro material que se enrollaban. Acerca de este punto, Wesley dice:

"Los libros comunes entre los antiguos no eran como los nuestros, sino volúmenes o largos trozos de pergamino, enrollados sobre un palo largo, como enrollamos nosotros los géneros de seda. Tal era el libro aquí representado, sellado con siete sellos. No era como si el apóstol viese todos los sellos a la vez; porque había siete volúmenes enrollados el uno dentro del otro, cada uno de ellos sellado; de manera que al abrir y desenrollar el primero, aparecía el segundo sellado hasta que se lo abría, y así sucesivamente hasta el séptimo." 1

Este libro no estaba escrito en el interior y el exterior, como parecería indicarlo la puntuación de la versión que usamos. "Grocio, Lowman, Fuller, etc.--dice en cierta Biblia anotada,-- suprimen la coma así: 'Escrito de dentro, y de fuera sellado.' " 2 Y acerca de cómo estaban puestos los sellos, se han dado ya suficientes explicaciones.

VERS. 2-4: Y vi un fuerte ángel predicando en alta voz: ¿Quién es digno de abrir el libro, y de desatar sus sellos ? Y ninguno podía, ni en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra, abrir el libro, ni mirarlo. Y yo lloraba mucho, porque no había sido hallado ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.

El desafío Parecería que en la visión Dios sostenía este libro a la vista del universo, y un fuerte ángel, indudablemente un ser preeminente y poderoso, se adelantó como pregonero, y a gran voz desafió a todos los seres del universo a demostrar la fuerza de su sabiduría abriendo los consejos de Dios. ¿A quién podía hallarse digno de abrir el libro y romper sus sellos? Siguió una pausa. En silencio el universo reconocía que era incapaz e indigno de entrar en los consejos de su Creador. "Ninguno podía, ni en el cielo." El griego oudeís, nadie, no significa solamente ningún hombre, sino ningún ser que hubiese en el ciclo. ¿No es esto una prueba de que las facultades de los ángeles son limitadas, como las del hombre, cuando se trata de penetrar el futuro y revelar lo que ha de suceder? Cuando el apóstol vió que nadie se adelantaba a abrir el libro, temió grandemente que no se revelaran los consejos de Dios que contenía con referencia a su pueblo. Impulsado por sus tiernos sentimientos naturales y su preocupación por la iglesia, lloró mucho. Dice Juan Wesley: "¡Cuán lejos están de albergar el sentir de San Juan los que averiguan cualquier otra cosa antes que el contenido de este libro!" 3

Acerca de las palabras: "Y yo lloraba mucho," José Benson observa lo siguiente: "Como le afectaba mucho el pensar que no se podía encontrar ser alguno capaz de comprender, revelar y cumplir los consejos divinos, temió que siguiesen ocultos para la iglesia. Este lloro del apóstol brotaba de la grandeza de su espíritu. El corazón tierno que siempre había tenido se manifestaba más claramente ahora que no era dueño de sí mismo. El Apocalipsis no se escribió sin lágrimas, ni tampoco puede comprenderse sin lágrimas." 4

VERS. 5-7: Y uno de los ancianos me dice: No llores: he aquí el león de la tribu de Judá, la raíz de David, que ha vencido para abrir el libro, y desatar sus siete sellos. Y miré; y he aquí en medio del trono y de los cuatro animales, y en medio de los ancianos, estaba un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, que son los siete Espíritus de Dios enviados en toda la tierra. Y él vino, y tomó el libro de la mano derecha de aquel que estaba sentado en el trono.

No se le dejó a Juan llorar mucho tiempo. Dios no quiere que sus hijos queden privados de cualquier conocimiento que pueda beneficiarlos. Se habían tomado medidas para abrir el libro. De ahí que uno de los ancianos aconseje a Juan: "No llores: he aquí el león de la tribu de Judá, la raíz de David, que ha vencido para abrir el libro, y desatar sus siete sellos." No nos resulta aparente la razón de por qué uno de los ancianos en preferencia a algún otro ser debió ser quien impartiera esta información a Juan, a menos que estribe en el hecho de que, habiendo sido redimido, conocía a Cristo y se interesaba especialmente en todo lo que concernía al bienestar de la iglesia en la tierra.

Se le llama a Cristo aquí el "León de la tribu de Judá." ¿Por qué se le llama león? ¿Y por qué de la tribu de Judá? En respuesta a la primera pregunta, puede decirse que es probablemente para denotar su fortaleza. Como el león es el rey de los animales, el monarca del bosque, resulta un emblema idóneo de la autoridad y el poder reales. En cuanto al calificativo "de la tribu de Judá," proviene indudablemente de la profecía de Génesis 49:9,10.

"La raíz de David." Cristo era quien sustentaba a David en su posición y su poder. Que la posición de David fue especialmente ordenada por Cristo y que él lo sostuvo en forma especial, es algo que no puede dudarse. David era el tipo o figura. Cristo el antitipo. El trono y el reinado de David sobre Israel eran una figura del reinado de Cristo sobre su pueblo. El reinará sobre "el trono de David su padre." (Lucas 1:32, 33.) Así como Cristo apareció en la descendencia de David cuando tomó sobre sí nuestra naturaleza humana, es también llamado "el linaje de David," "una vara del tronco de Isaí." (Apocalipsis 22:16; Isaías 11:1, 10.) Envista de su relación con el trono de David y su derecho a reinar sobre el pueblo de Dios, era propio que se le confiase la apertura de los sellos.
"Ha vencido." Estas palabras indican que el derecho a abrir el libro fue adquirido por una victoria obtenida en algún conflicto anterior. Hallamos el relato de su triunfo más adelante en este capítulo. La siguiente escena nos presenta la gran obra de Cristo como Redentor del mundo, y el derramamiento de su sangre para la remisión del pecado y la salvación del hombre. En esta obra se vio expuesto a los más fieros asaltos de Satanás. Pero soportó la tentación y las agonías de la cruz, surgió vencedor sobre la muerte y el sepulcro, aseguró el camino de nuestra redención, y triunfó. Por esto los cuatro seres vivientes y los 24 ancianos cantan: "Digno eres de tomar el libro, y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y nos has redimido para Dios con tu sangre."

Juan busca al León de la tribu de Judá y contempla a un Cordero como inmolado en medio del trono y de los cuatro seres vivientes y los ancianos.

"En medio del trono." Felipe Doddridge traduce así este pasaje: "Contemplé . . . en medio del espacio entre el trono y los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, . . . había . . . un Cordero." 5 En el centro de la escena estaba el trono del Padre, y de pie en el espacio abierto que lo rodeaba estaba el Hijo, presentado bajo el símbolo de un cordero inmolado. En derredor de ellos estaban aquellos santos que habían sido redimidos: primero, los representados por los cuatro seres vivientes; luego los ancianos forman el segundo círculo, y los ángeles (vers. 11) forman el tercero. La dignidad de Cristo mientras se destaca allí bajo la figura de un cordero inmolado, es el objeto de la admiración de toda la santa multitud.
"Como inmolado." Juan C. Woodhouse, según lo cita un comentario, dice: "El griego implica que el Cordero aparecía como herido en el cuello y la garganta, como víctima inmolada en el altar." 6 Acerca de esta frase dice Adán Clarke: "Como si estuviese en el momento de ser ofrecido. Esto es muy notable; tan importante es la ofrenda y el sacrificio de Cristo a la vista de Dios, que se le sigue representando como en el mismo acto de derramar su sangre para las ofensas del hombre." 7
"Siete cuernos, y siete ojos." Los cuernos son símbolos del poder y los ojos simbolizan la sabiduría. Siete es el número que denota el carácter de lo que es completo, o la perfección. Se nos enseña así que el poder perfecto y la sabiduría perfecta son inherentes en el Cordero.
"Y él vino, y tomó el libro." Ciertos comentadores han encontrado incongruente la idea de que el libro fié tomado por el Cordero, y han recurrido a diversos expedientes para evitar la dificultad. Pero, ¿no es acaso un principio bien establecido que cualquier acción que podría ser ejecutada por la persona o ser representado por un símbolo, puede atribuirse al símbolo? ¿No es ésta la explicación que necesita el pasaje? Sabemos que el Cordero es un símbolo de Cristo. Sabemos que nada incongruente habría en que Cristo tomase un libro; y cuando leemos que el libro fue tomado, pensamos en la acción, no como ejecutada por un cordero, sino por Aquel de quien el cordero era un símbolo.

VERS. 8-10: Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro animales y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero, teniendo cada uno arpas, y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos. Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro, y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y nos has redimido para Dios con tu sangre, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.

"Copas de oro llenas de perfumes."- Esta expresión nos permite formarnos una idea de cómo emplean su tiempo los redimidos representados por los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos. Tienen copas o cálices de oro, llenos de perfumes, o como lo dice una nota marginal, incienso, que son las oraciones de los santos. Es un ministerio que incumbe a los sacerdotes.

El lector recordará que en el antiguo servicio típico el sumo sacerdote tenía muchos asistentes. Cuando consideramos que estamos ahora mirando al interior del santuario celestial, llegamos a la conclusión de que estos redimidos son los que asisten a nuestro gran Sumo Sacerdote en el cielo. Con este fin fueron sin duda redimidos. ¿Qué podría ser más propio que el ver a nuestro Señor asistido en su obra sacerdotal en favor de la familia humana por nobles miembros de esa familia que por su vida santa y carácter puro fueron dignos de ser resucitados para esto? (Véanse las observaciones sobre Apocalipsis 4:4.)

Sabemos que muchos tienen gran aversión a que haya cosas reales y tangibles en el cielo. Pero aunque el Apocalipsis trata mayormente de figuras, no contiene ficciones. Describe cosas reales, y llegamos a comprender la realidad cuando llegamos a una correcta interpretación de las figuras. De modo que en esta visión sabemos que el Ser sentado sobre el trono es Dios. Está realmente allí. Sabemos que el Cordero simboliza a Cristo. El también está realmente allí. Ascendió con un cuerpo literal, tangible, y ¿quién puede decir que no lo conserva?

Por lo tanto, si nuestro Sumo Sacerdote es un ser literal, debe tener un lugar literal donde servir. Si los cuatro seres vivientes y los 24 ancianos representan a los que Cristo sacó del cautiverio de la muerte cuando resucitó y ascendió al cielo, ¿por qué no son seres tan literales cuando están en el cielo como lo eran cuando ascendieron?

El canto Se lo llama "un nuevo cántico," y es nuevo, probablemente, en lo que respecta a la ocasión y la composición. Eran los primeros que podían cantarlo, por ser los primeros redimidos. Se llaman a sí mismos "reyes y sacerdotes." Ya hemos visto en qué sentido son sacerdotes. Asisten a Cristo en su obra sacerdotal. En el mismo sentido son también reyes, sin duda, porque Cristo se ha sentado con su Padre en su trono, e indudablemente éstos como ministros suyos tienen que desempeñar un papel en relación con el gobierno del cielo en lo que se refiere a este mundo.
La anticipación "Reinaremos sobre la tierra." A pesar de que están redimidos y rodean el trono de Dios y del Cordero, donde todo es gloria inefable, su cántico habla de un estado aun más elevado que alcanzarán cuando la gran obra de la redención se haya terminado, y ellos, juntamente con toda la familia de Dios, reinarán sobre la tierra, la herencia prometida y eterna residencia de los santos. (Romanos 4:13; Gálatas 3:29; Salmo 37:11; Mateo 5:5; 2 Pedro 3:13; Isaías 65:17-25; Apocalipsis 21:1-5.)

VERS. 11, 12: Y miré, y oí voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los animales, y de los ancianos; y la multitud de ellos era millones de millones, que decían en alta voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder y riquezas y sabiduría, y fortaleza y honra y gloria y alabanza.

El santuario celestial ¡Cuán mezquino es el concepto que tenemos de la magnitud y la gloria del templo celestial! Juan fue introducido a ese templo al principio del capítulo 4 de Apocalipsis, por la puerta que fue abierta en el cielo. Sigue mirando al interior de ese mismo templo en Apocalipsis 5:11, 12. Ahora contempla a las huestes celestiales. En derredor del trono están los que son representados por los cuatro seres vivientes. Luego vienen los 24 ancianos. Juan ve a una multitud de ángeles celestiales que rodean el conjunto. ¿Cuántos son? ¿Cuántos, nos parece, podrían congregarse en el interior del templo celestial? "Millones de millones" exclama el vidente. Parecería que no hay expresión numérica capaz de abarcar la multitud innumerable, la que el autor de la epístola a los Hebreos llama "la compañía de muchos millares de ángeles." (Hebreos 12:22.) Y estaban en el santuario celestial.

Tal es la compañía que Juan vio congregada en el lugar que es el centro del culto tributado por el universo, y donde se está llevando a cabo el maravilloso plan de la redención humana. La figura central de esta multitud innumerable y santa era el Cordero de Dios, y el acto central de su vida, que arrancaba de la muchedumbre expresiones de adoración, era el derramamiento de su sangre para la salvación del hombre caído. Todas las voces de aquella hueste celestial se unían para atribuirle la honra que merece: "El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder y riquezas y sabiduría, y fortaleza y honra y gloria y alabanza." Es una asamblea digna del lugar. Es un canto de adoración digno de ser elevado a Aquel que por el derramamiento de su sangre vino a ser rescate para muchos, y que, como nuestro gran Sumo Sacerdote en el santuario celestial, sigue presentando los méritos de su sacrificio en nuestro favor. Allí, pues, ante tan augusta asamblea, ha de ser examinada pronto nuestra vida. ¿Qué nos capacitará para resistir la prueba escrutadora? ¿Qué nos habilitará para levantarnos y subsistir al fin con la muchedumbre sin pecado en el cielo? ¡Oh infinito mérito de la sangre de Cristo, que puede limpiarnos de todas nuestras contaminaciones, y hacernos pisar la santa montaña de Sión! ¡Oh infinita gracia de Dios, que puede prepararnos para resistir la gloria, y darnos osadía para entrar en su presencia, hasta con gozo indecible!

VERS. 13, 14: Y oí a toda criatura que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y que está en el mar, y todas las cosas que en ellos están diciendo: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la bendición, y la honra, y la gloria, y el poder, para siempre jamás. Y los cuatro animales decían: Amén. Y los veinticuatro ancianos cayeron sobre sus rostros, y adoraron al que vive para siempre jamás.

Un universo purificado En el vers. 13 encontramos una declaración arrancada de su orden cronológico con el fin de seguir hasta su terminación la declaración o alusión anterior. Esto ocurre con frecuencia en la Biblia. En este caso se anticipa el momento en que estará terminada la obra de la redención. En el vers. 10, los cuatro seres vivientes y los 24 ancianos habían declarado: "Reinaremos sobre la tierra." Ahora el espíritu del profeta es llevado por anticipado al acontecimiento. Mira hacia adelante al tiempo en que estará completo el número de los redimidos, el universo libertado del pecado y de los pecadores, y se elevará un himno universal de adoración a Dios y al Cordero.

Es fútil intentar aplicar esto a la iglesia en su condición actual, o a la de cualquier tiempo pasado desde que el pecado entró en el mundo, o aun desde que Satanás cayó de su exaltada posición de ángel de luz y amor en el cielo. Porque en el momento del cual habla Juan, toda criatura del cielo y de la tierra sin excepción alguna eleva su antífona de bendiciones a Dios. Pero en lo que se refiere sólo a este mundo desde la caída, maldiciones en vez de bendiciones son lo que contra Dios y su trono ha exhalado la gran mayoría de los miembros de nuestro género apóstata. Y así continuará siendo mientras reine el pecado.

No hallamos, pues, cabida, para esta escena que Juan describe, a menos que nos anticipemos al tiempo en que se haya completado el plan de redención, y los santos inicien su prometido reinado en la tierra.

Al Cordero igual que al Padre sentado en el trono se tributa alabanza en este canto de adoración. "Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la bendición, y la honra, y la gloria, y el poder, para siempre jamás." (Apocalipsis 5:13.)

Volviendo de la gloriosa escena anticipada en el versículo 13 a los sucesos que se producen en el santuario celestial delante de él, el profeta oye a los cuatro seres vivientes exclamar: Amén.


1 Juan Wesley, "Explanatory Notes Upon the New Testament." pág. 697, comentario sobre Apocalipsis 5:1.

2 "The Cottage Bible," tomo 2, pág. 1.391, nota sobre Apocalipsis 5:1.

3 Juan Wesley. "Explanatory Notes Upon the New Testament," pág. 698, comentario sobre Apocalipsis 5:4.

4 José Benson, "Commentary on the New Testament," tomo 2, pág. 721, nota sobre Apocalipsis 5:4.

5 Felipe Doddridge, "The Family Expositor," tomo 6, pág. 405, paráfrasis de Apocalipsis 5 :5.

6 Guillermo Jenks, "Comprehensive Commentary," tomo 5, pág. 684, nota sobre Apocalipsis 5:6.

7 Adán Clarke, "Commentary on the New Testament," tomo 3, pág. 991, nota sobre Apocalipsis 5:6.

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