Las Profecías del Apocalipsis

Capítulo 6 · Se Desatan los Sellos del Libro de la Profecía


Los sellos

VERS. 1, 2: Y miré cuando el Cordero abrió uno de los sellos, y oí a uno de los cuatro animales diciendo como una voz de trueno: Ven y ve. Y miré, y he aquí un caballo blanco: y el que estaba sentado encima de él, tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió victorioso, para que también venciese.

EL CORDERO toma el libro, y procede en seguida a abrir los sellos. La atención del apóstol es atraída a las escenas que se presentan bajo cada sello. Ya se ha notado que en las Escrituras el número siete denota lo perfecto y completo. Los siete sellos representan acontecimientos de un carácter religioso, y contienen la historia de la iglesia desde el comienzo de la era cristiana hasta la segunda venida de Cristo. A medida que los sellos se rompen, y lo escrito sale a luz, las escenas son presentadas a Juan, no por la lectura de la descripción, sino por una representación de lo que se describe en el libro, representación que se hace desfilar ante sus ojos como animada por personajes vivos, y en el lugar donde la realidad habrá de ocurrir, a saber, la tierra.

El primer sello El primer símbolo es un caballo blanco, que lleva un jinete armado de arco. Se le da una corona, y sale victorioso para vencer, como emblema idóneo de los triunfos del Evangelio durante el primer siglo de la era cristiana. La blancura del caballo denota la pureza de la fe en ese siglo. La corona dada al jinete y su salida como vencedor para hacer aun más conquistas significan el celo y el éxito con que la verdad fue promulgada por sus primeros ministros. ¿Mediante qué símbolos podría haberse representado mejor la obra del cristianismo cuando salió como principio agresivo contra los tremendos sistemas del error con los cuales tuvo que contender al comienzo? El jinete de este caballo salió. ¿En qué dirección? Su comisión era ilimitada. El Evangelio era para todo el mundo.

VERS. 3, 4: Y cuando él abrió el segundo sello, oí al segundo animal, que decía; Ven y ve. Y salió otro caballo bermejo: y al que estaba sentado sobre él, fue dado poder de quitar la paz de la tierra, y que se maten unos a otros: y le fue dada una grande espada.

El segundo sello Posiblemente, la primera característica que se nota en estos símbolos es el contraste que hay en el color de los caballos. Este contraste tiene indudablemente un significado especial. Si la blancura del primer caballo representaba la pureza del Evangelio en el período abarcado por aquel símbolo, el color rojo del segundo caballo habrá de significar que durante ese período empezó a corromperse esa pureza original. El misterio de iniquidad ya obraba en los días de Pablo, y al iniciarse el período simbolizado por el segundo sello, la que profesaba ser iglesia de Cristo se había corrompido ya de tal manera que requería este cambio de color que se nota en la descripción del símbolo que la representa. Empezaban a surgir errores y asomaba la afición a las cosas del mundo. El poder eclesiástico procuraba aliarse con el secular. Como resultado se producían disturbios y conmociones.

Hablando del periodo de la iglesia cristiana que va del año 100 al 311, dice un historiador:

"Descendemos ahora de la iglesia apostólica primitiva a la grecorromana; de las etapas de creación a la obra de conservación; del manantial de la revelación divina a la corriente del desarrollo humano; de las inspiraciones de los apóstoles y profetas a las producciones de maestros iluminados pero falibles. La mano de Dios había trazado una gruesa línea de demarcación entre el siglo de los milagros y los sucesivos, para demostrar, mediante la abrupta transición y el sorprendente contraste, la diferencia que hay entre la obra de Dios y la del hombre."1 "El segundo período, desde la muerte del apóstol Juan hasta el fin de las persecuciones, o hasta la accesión de Constantino, el primer emperador cristiano, es la era clásica... de la persecución pagana, y del martirio y heroísmo cristianos. Proporciona un comentario continuo de las palabras del Salvador: 'He aquí, yo os envío como corderos en medio de lobos.' "2 "La era anterior al concilio de Nicea... es... la raíz común de la cual ambos [el catolicismo y el protestantismo] brotaron, el catolicismo (griego y romano) primero, y el protestantismo más tarde. Es la transición natural de la era apostólica a la de Nicea, aunque se realizó dejando atrás muchas verdades importantes de la primera (especialmente las doctrinas paulinas) que habían de establecerse y explorarse en siglos futuros. Podernos encontrar en ella las formas elementales del credo católico, la organización y el culto de la iglesia católica, y también los gérmenes de casi todas las corrupciones del cristianismo griego y romano."3

El espíritu de esta época llegó tal vez a su apogeo en los días de Constantino, el así llamado primer emperador cristiano, cuya conversión al cristianismo en 323 produjo una transigencia entre la Iglesia y el Imperio Romano. El edicto de Milán, del año 313, concedía tolerancia a los cristianos y permitía a la gente que se convirtiera al cristianismo. Kenneth S. Latourette declara que los actos que precedieron inmediatamente al edicto de Milán y culminaron con su promulgación en 313 "siguen siendo la más significativa de las muchas piedras miliarias del camino por el cual la Iglesia y el Estado avanzaron hacia la cooperación."4

Este moderno erudito historiador eclesiástico declara además:

"El cristianismo, al dar existencia a la Iglesia, desarrolló una institución que era parcialmente rival del Estado. Creaba dentro del Imperio una sociedad que, creían muchísimos, amenazaba la misma existencia del último. El conflicto fue muy pronunciado durante un siglo o más antes de Constantino... Empero cuando Constantino hizo las paces con la fe pareció que el conflicto se había resuelto con la obtención del control de la Iglesia por el Estado. Sin embargo, aun en los días de aparente subordinación de la Iglesia al gobierno, los eclesiásticos procuraban influir en las directivas del último."5

Tal estado de cosas responde fielmente a la declaración del profeta de que le fue dado al jinete poder "de quitar la paz de la tierra, y que se maten unos a otros: y fuéle dada una grande espada."

VERS. 5, 6: Y cuando él abrió el tercer sello, oí al tercer animal, que decía: Ven y ve. Y miré, y he aquí un caballo negro: y el que estaba sentado encima de él, tenia un peso [una balanza, V.M.] en su mano. Y oí una voz en medio de los cuatro animales, que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario: y no hagas daño al vino ni al aceite.

El tercer sello ¡Cuán rápidamente progresa la obra de corrupción! ¡Qué contraste de color hay entre este símbolo y el primero! ¡Es un caballo negro, precisamente lo opuesto del blanco! Este símbolo debe representar un período de grandes tinieblas y corrupción moral en la iglesia. Los acontecimientos del segundo sello prepararon el terreno para que se produjera el estado de cosas presentado aquí. El tiempo transcurrido entre el reinado de Constantino y el establecimiento del papado en 538 puede distinguirse con justicia como el tiempo en que brotaron en la iglesia los errores más crasos y las supersticiones más absurdas. Acerca de un período que sucedió inmediatamente a los días de Constantino, dice Mosheim:

"Aquellas vanas ficciones, que una afición a la filosofía platónica y a las opiniones populares habían hecho adoptar por la gran mayoría de los doctores cristianos antes del tiempo de Constantino, quedaron ahora confirmadas, ampliadas y embellecidas de diversas maneras. De ahí nacieron aquella veneración extravagante por los santos difuntos, y aquellas absurdas nociones de cierto fuego destinado a purificar las almas desencarnadas, que ahora prevalecían y que dejaban por doquiera indicios públicos. De ahí también el celibato de los sacerdotes, el culto de las imágenes y reliquias que, con el transcurso del tiempo casi destruyó la religión cristiana, o por lo menos eclipsó su lustre y corrompió su misma esencia de la manera más deplorable. Un enorme séquito de diferentes supersticiones fue substituyendo gradualmente a la verdadera religión y piedad. Esta odiosa revolución se debió a una variedad de causas. Una ridícula precipitación en cuanto a recibir opiniones nuevas, un absurdo deseo de imitar los ritos paganos, y de fusionarlos con el culto cristiano, y aquella ociosa propensión de la humanidad en general a buscar una religión aparatosa, todo contribuyó a establecer el reinado de la superstición sobre las ruinas del cristianismo." 6

Más adelante añade: "Se necesitaría un volumen entero para enumerar los diversos fraudes que arteros bribones practicaron con éxito para engañar a los ignorantes, cuando la verdadera religión quedó casi completamente reemplazada por la horrible superstición." 7

Estas citas de Mosheim contienen una descripción del período abarcado por el caballo negro del tercer sello, y ella corresponde exactamente a la profecía. Puede verse por ella cómo el paganismo se incorporó al cristianismo; y cómo durante ese período el falso sistema que resultó en el establecimiento del papado se redondeó rápidamente en su delineamiento completo y maduró en toda la deplorable perfección de su fuerza y estatura.
 

La balanza "La balanza indicaba que la religión y el poder civil se iban a unir en la persona que administraría el poder ejecutivo en el gobierno, y que pretendería tener autoridad judicial tanto en la Iglesia como el Estado. Así sucedió entre los emperadores romanos desde los días de Constantino hasta el reinado de Justiniano, cuando dió el mismo poder judicial al obispo de Roma." 8
 
El trigo y la cebada "Las medidas de trigo y de cebada que se dan por un denario indican que los miembros de la iglesia se dedicarían con avidez a los bienes de este mundo, y que prevalecería el amor al dinero, pues por dinero se desharían de cualquier cosa." 9
El aceite y el vino Estas cosas "denotan las gracias del Espíritu, la fe y el amor, y había mucho peligro de que resultasen perjudicadas bajo la influencia de tanto espíritu mundanal. Y ha quedado bien atestiguado por todos los historiadores que la prosperidad de la iglesia en aquella época produjo las corrupciones que llevaron finalmente a la apostasía y al establecimiento de las abominaciones anticristianas." 10

Es de observar que la voz que limitaba la cantidad de trigo que podía obtenerse por un denario y decía: "No hagas daño al vino ni al aceite," no proviene de ningún ser de esta tierra, sino de en medio de los cuatro seres vivientes, lo cual significa que aunque los subpastores o protesos ministros de Cristo no cuidaban del rebaño, el Señor no lo olvidaba en esa época de tinieblas. Llega una voz del cielo. El vela por que el espíritu de mundanalidad no prevalezca hasta el punto de que el cristianismo se pierda enteramente, o de que el aceite y el vino, las gracias de la piedad genuina, desaparezcan de la tierra.

VERS. 7, 8: Y cuando él abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto animal, que decía: Ven y ve. Y miré, y he aquí un caballo amarillo: y el que estaba sentado sobre él tenía por nombre Muerte; y el infierno le seguía: y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las bestias de la tierra.

El cuarto sello El color de este caballo es notable. La palabra original denota el "color pálido o amarillento" que se ve en las plantas marchitadas o enfermizas. Este símbolo debe representar un extraño estado de cosas en la iglesia que profesa pertenecer a Dios. El jinete que iba en ese caballo se llamaba Muerte y el Infierno (hades, sepulcro) le seguía. La mortalidad es tan grande durante este período que parecería como si "las pálidas naciones de los muertos" hubiesen venido a la tierra, y fueran siguiendo en la estela de esta potencia asoladora. Resulta difícil equivocarse acerca del período al cual se aplica este sello. Debe referirse al tiempo en que el papado ejercía su dominio perseguidor sin restricción, a partir más o menos del año 538 hasta cuando los reformadores empezaron a exponer las corrupciones del sistema papal.

"Le fue dada potestad," es decir al poder personificado por la muerte sentado sobre el caballo amarillo; a saber, el papado. Por la cuarta parte de la tierra, se entiende indudablemente el territorio sobre el cual ese poder tenía jurisdicción; y las palabras "espada," "hambre," "mortandad" (es decir, cosas que ocasionan la muerte, como la intemperie o la tortura), y las fieras de la tierra, son figuras que denotan los medios por los cuales se dio muerte a millones de mártires.

VERS. 9-11: Y cuando él abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían sido muertos por la palabra de Dios y por el testimonio que ellos tenían. Y clamaban en alta voz diciendo: ¿Hasta cuándo. Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre de los que moran en la tierra? Y les fueron dadas sendas ropas blancas, y fuéles dicho que reposasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completaran sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos.

El quinto sello Bajo el quinto sello los mártires claman venganza, y les son dadas sendas ropas blancas. Las preguntas que surgen en seguida y piden solución son éstas: ¿Abarca este sello un período de tiempo, y en tal caso, cuál es? ¿Donde está el altar debajo del cual se ven las almas? ¿Qué son estas almas, y cuál es su condición? ¿Qué significa su clamor de venganza? ¿Qué significan las ropas blancas que se les dan? ¿Cuándo reposan por un poco de tiempo, y quiénes son sus consiervos que han de ser muertos como ellas? Creemos que todas estas preguntas pueden recibir respuestas satisfactorias.

Parece lógico creer que este sello, como todos los demás, debía abarcar cierto plazo de tiempo, y que la fecha de su aplicación es inconfundible si los sellos anteriores se han localizado correctamente. Como viene a continuación del período de la persecución papal, el plazo abarcado por este sello debe iniciarse cuando la Reforma empezó a minar la estructura papal y a frenar el poder perseguidor de la iglesia católica romana.

El altar Este no puede ser ningún altar del cielo, sino que es, evidentemente, el lugar donde las víctimas habían sido muertas, el altar de su sacrificio. Acerca de este punto, Adán Clarke declara:
"Le fue presentada una visión simbólica, en la cual vio un altar; y debajo de él las almas de los que habían sido muertos por la palabra de Dios--que habían sufrido el martirio por su amor al cristianismo, –son representadas como nuevamente muertas como víctimas de la idolatría y la superstición. El altar está en la tierra, no en el cielo." 11 Se encuentra una confirmación de esta opinión en el hecho de que Juan está contemplando escenas que ocurren en la tierra. Las almas son representadas debajo del altar, algo así como víctimas muertas sobre él, cuya sangre corriera al pie de él, y ellas cayeran luego a su lado.
Las almas debajo del altar Esta representación se considera popularmente como una prueba categórica de que hay espíritus desencarnados y conscientes después de la muerte. Aquí encontramos, se asevera, que Juan vio almas en estado desencarnado aunque conscientes y con conocimiento de lo sucedido, pues piden que se las vengue de sus perseguidores. Esta interpretación de los pasajes es inadmisible por varias razones.

La teoría popular pone a estas almas en el cielo, pero el altar del sacrificio sobre el cual fueron muertas, y debajo del cual se las vio, no puede estar allí. El único altar que se menciona como estando en el cielo es el altar del incienso; pero no sería correcto representarse debajo del altar a las víctimas que acababan de ser muertas, puesto que dicho altar no se dedicó jamás a semejante uso.

Repugnaría a todas nuestras ideas del estado celestial representarse como encerradas debajo de un altar a las almas que haya en el cielo. ¿Podemos suponer que el deseo de venganza dominaría de tal manera a estas almas en el cielo que las mantendría descontentas e intranquilas hasta que se castigase a sus enemigos, a pesar del gozo y la gloria del estado inefable que debieran gozar? ¿No habrían de regocijarse más bien de que sufrieron persecución y así llegaron más pronto a la presencia de su Redentor, a cuya diestra hay plenitud de gozo y placeres para siempre?

Y, además, la teoría popular que pone a estas almas en el cielo, sitúa al mismo tiempo a los impíos en el lago de fuego, retorciéndose en tormentos indecibles, bien a la vista de la hueste celestial. Ahora bien, las almas representadas bajo el quinto sello eran las que habían sido muertas durante el sello anterior, décadas y siglos antes. Sin la menor duda, sus perseguidores habían desaparecido del escenario y, según la teoría que consideramos, debían estar sufriendo bajo sus ojos todos los tormentos del infierno.

Sin embargo, como si no se satisficiesen con esto, claman a Dios como si él demorara su venganza sobre sus asesinos. ¿Qué mayor venganza podían desear? O si sus perseguidores estaban todavía en la tierra, debían saber que antes de muchos anos habrían de unirse a la vasta multitud que diariamente desciende por la puerta de la muerte al mundo desdichado. Esta suposición no las hace más amables. Por lo menos una cosa es evidente: la teoría popular concerniente a la condición de los muertos, justos e impíos, no puede ser correcta, o la interpretación que se da generalmente a este pasaje es errónea, pues se excluyen mutuamente.

Pero se insiste en que estas almas deben estar conscientes, porque claman a Dios. Este argumento tendría peso si no existiese una figura de lenguaje que se llama personificación. Pero mientras ella exista, convendrá en ciertas condiciones atribuir vida, acción e inteligencia a los objetos inanimados. Así se dice que la sangre de Abel clamaba a Dios desde la tierra. (Génesis 4:9,10.) La piedra clamaba desde la pared, y la viga le contestaba. (Habacuc 2:11.) El salario de los trabajadores defraudados clamaba, y el clamor entró en los oídos del Señor de los ejércitos. (Santiago 5:4.) Así también podrían clamar las almas de nuestro texto, y no por ello ser conscientes.

La incongruencia de la teoría popular basada en este versículo es aparente, pues Alberto Barnes hace la siguiente concesión: "No debemos suponer que esto ocurrió literalmente, y que Juan vio en realidad las almas de los mártires debajo del altar; porque toda la representación es simbólica; ni hemos de suponer que los perjudicados que están en el cielo oran realmente por verse vengados en aquellos que les hicieron daño, o que los redimidos continuarán orando en el cielo con referencia a las cosas de la tierra; pero de este pasaje se puede deducir con justicia que habrá un recuerdo tan real de los males sufridos por los perseguidos, los perjudicados y los oprimidos, como si se hiciese allí una oración tal; y que los opresores tienen tanto que temer de la venganza divina como si aquellos a quienes perjudicaron clamasen en el cielo al Dios que oye la oración y que toma venganza." 12

Con referencia a pasajes como éste, el lector se ve inducido en un error por la definición popular de la palabra "alma." Dicha definición le hace suponer que este texto habla de una esencia inmaterial, invisible e inmortal que hay en el hombre, y que, apenas muere el cuerpo, se eleva a la libertad que codicia. En ningún caso permite el empleo de la palabra en el original hebreo o griego aceptar una definición tal. Significa con más frecuencia "vida" y con no poca frecuencia se traduce por "persona." Se aplica a los muertos igual que a los vivos, como puede verse en Génesis 2:7, donde la palabra "viviente" no necesitaría haberse añadido si la vida fuese un atributo inseparable del alma; y en Números 19:13, donde la concordancia hebrea dice "alma muerta.". Además, estas almas ruegan que sea vengada su sangre, y la sangre es algo que, según la teoría popular, no puede tener un alma inmaterial. La palabra "almas" puede considerarse aquí como significando simplemente los mártires, aquellos que fueron muertos, y la expresión "las almas de los que" es una perifrasis para indicar toda su persona. Estos seres humanos fueron representados a Juan como habiendo sido muertos sobre el altar de los sacrificios papales, en esta tierra, y están muertos debajo de él. No estaban ciertamente vivos cuando Juan los vió durante el quinto sello, porque más tarde vuelve a presentarlos casi en el mismo lenguaje, y nos asegura que la primera vez que recobran la vida después de su martirio es en la resurrección de los justos. (Apocalipsis 20:4-6.) Mientras yacían allí, víctimas de la sed de sangre y opresión que manifestó el papado en la Edad Media, claman a Dios que los vengue, así como la sangre de Abel clamaba a él desde la tierra.

 

Las ropas blancas Su clamor: "¿Hasta cuándo, Señor, . . . no juzgas y vengas nuestra sangre?" recibe una respuesta parcial. Bajaron a la tumba de la manera más ignominiosa. Los motivos de su vida fueron falseados, manchada su reputación, infamado su nombre, y sus tumbas cubiertas de vergüenza y oprobio, como si contuviesen el polvo deshonrado de los personajes más viles y despreciables. En verdad, la iglesia de Roma, que amoldaba entonces el sentimiento de las principales naciones de la tierra, no escatimó esfuerzos para hacer de sus víctimas un objeto de aborrecimiento para todos.

Pero la Reforma empezó su obra. Comenzó a verse que la iglesia era corrompida y despreciable, y que aquellos contra los cuales desahogaba su ira eran los buenos, los puros, los fieles. La obra prosiguió entre las naciones más ilustradas de la tierra, y la reputación de la iglesia fue bajando mientras que fue subiendo la de los mártires, hasta que quedaron plenamente expuestas todas las corrupciones y abominaciones papales. Entonces se destacó este gigantesco sistema de iniquidad delante del mundo en toda su desnuda deformidad, mientras que los mártires quedaron vindicados de todas las calumnias debajo de las cuales la iglesia perseguidora procuró sepultarlos. Entonces se vio que habían sufrido, no por ser viles y criminales, sino "por la palabra de Dios y por el testimonio que ellos tenían." Entonces se cantaron sus alabanzas, se admiraron sus virtudes, se aplaudió su valor, se honró su nombre y se apreció su memoria. Así se les dieron sendas ropas blancas.

Un poco de tiempo La obra cruel del catolicismo romano no cesó completamente, ni aun cuando la Reforma se hubo extendido y establecido firmemente. No pocos estallidos terribles de odio y persecución había de sentir todavía la iglesia verdadera. Muchísimos tenían que ser castigados todavía como herejes, y verse unidos al gran ejército de mártires. La plena justificación de su causa iba a demorarse todavía un poco de tiempo. Durante ese tiempo Roma añadió centenares de miles a la vasta muchedumbre cuya sangre había vertido ya. Pero el espíritu de persecución fue finalmente refrenado, la causa de los mártires fue vindicada, y llegó a su fin el "poco de tiempo" del quinto sello.

VERS. 12-17: Y miré cuando él abrió el sexto sello, y he aquí fue hecho un gran terremoto; y el sol se puso negro como un saco de cilicio, y la luna se puso toda como sangre; y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera echa sus higos cuando es movida de gran viento. Y el cielo se apartó como un libro que es envuelto; y todo monte y las islas fueron movidas de sus lugares. Y los reyes de la tierra, y los príncipes, y los ricos, y los capitanes, y los fuertes, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos de la cara de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero: porque el gran día de su ira es venido; ¿y quién podrá estar firme?

El sexto sello Tales son las escenas solemnes y sublimes que ocurren bajo el sexto sello. Tiende ciertamente a despertar en todo corazón un intenso interés en las cosas divinas la consideración de que estamos viviendo ahora en el tiempo de los acontecimientos portentosos de este sello, como pronto se demostrará.

Entre el quinto sello y el sexto parece cambiar repentina y completamente el lenguaje y pasar del altamente figurativo al estrictamente literal. Cualquiera que sea la causa, el cambio es innegable. Ningún principio de interpretación puede hacer literal el lenguaje de los sellos anteriores, ni puede hacerse con facilidad figurativo el lenguaje de este sello. Debemos aceptar, pues, el cambio, aunque no podemos explicarlo. Hay, sin embargo, un hecho significativo al cual quisiéramos llamar la atención aquí. Era durante el período abarcado por este sello cuando las partes proféticas de la palabra de Dios habían de quedar abiertas, y muchos habrían de recorrerlas, o aplicar su atención a comprender estas cosas, y por lo tanto el conocimiento de esta parte de la palabra de Dios iba a aumentar enormemente. Sugerimos que ésta puede ser la razón del cambio de lenguaje que ocurre aquí, y que los sucesos de este sello, por ocurrir en un tiempo en que estas cosas se habían de comprender plenamente, no se presentan ya en figuras, sino en lenguaje claro e inequívoco.

El gran terremoto El primer acontecimiento que se presenta bajo este sello, y tal vez el que marca su comienzo, es un gran terremoto. Como cumplimiento sorprendente de esta predicción, nos referimos al gran terremoto del 1° de noviembre de 1755, que se conoce como el de Lisboa.

Acerca de este terremoto, dice Roberto Sears:

"El gran terremoto de 1755 abarcó una extensión de por lo menos once millones de kilómetros cuadrados. Sus efectos se extendieron hasta debajo de las aguas, en muchos lugares donde sus sacudidas no fueron perceptibles. Afectó las mayores porciones de los continentes de Europa, África y América; pero su extrema violencia se sintió en la parte sudoccidental de la primera." 13 "En África, este terremoto se hizo sentir casi tan severamente como en Europa. Gran parte de la ciudad de Argel fue destruida. Muchas casas fueron derribadas en Fez y Mequínez, y multitudes quedaron sepultadas bajo sus ruinas. Efectos similares se vieron en Marrakesh. Sus efectos se sintieron igualmente en Tánger, Tetuán, y Funchal en la isla Madera; es probable . . . que toda África fue sacudida por esta tremenda convulsión. Por el norte, se extendió hasta Noruega y Suecia; Alemania, Holanda, Francia, Gran Bretaña e Irlanda fueron todas más o menos agitadas por la misma grande y terrible conmoción de los elementos." 14 "La ciudad de Lisboa . . . antes de esta calamidad . . . tenía más o menos . . . 150.000 habitantes. . . . El Sr. Barretti dice 'que se cree que 90.000 personas perecieron en ese día fatal.' 15

Sir Carlos Lyell hace la siguiente descripción gráfica de este fenómeno notable:

"En ninguna parte de la región volcánica de la Europa meridional ha ocurrido en los tiempos modernos un terremoto tan tremendo como el que se inició el 1· de noviembre de 1755 en Lisboa. Se oyó un ruido de trueno debajo de la tierra, e inmediatamente después una violenta sacudida derribó la mayor parte de aquella ciudad. En el transcurso de más o menos seis minutos perecieron 60.000 personas. El mar se retiró al principio, y dejó seca la barra; luego volvió rodando y levantándose quince metros sobre su nivel ordinario. Las montañas de la Rábida, Estrella, Julio, Marao y Cintra, que son algunas de las mayores de Portugal fueron sacudidas impetuosamente, desde sus mismos fundamentos, por así decirlo; y algunas de ellas se abrieron en sus cumbres, que se rajaron en forma asombrosa, siendo arrojadas a los valles subyacentes enormes masas de ellas. Se dice que salieron de esas montañas llamas que se supone eran eléctricas; también se dice que humearon; pero vastas nubes de polvo pueden haber dado esta apariencia...

"La gran extensión que alcanzó este terremoto de Lisboa es muy notable. El movimiento fue más violento en España, Portugal y el norte de África; pero casi toda Europa, y aun las Antillas sintieron el sismo el mismo día. Un puerto llamado Setúbal a treinta kilómetros de Lisboa, se hundió. En Argel y Fez, en África, la agitación de la tierra fue igualmente violenta, y a la distancia de ocho leguas de Marrakesh, fue tragado un pueblo, con sus ocho o diez mil habitantes, juntamente con todos sus ganados. Poco después, la tierra se volvió a cerrar sobre ellos.

"El sismo se sintió en el mar, sobre el puente de una nave situada al oeste de Lisboa, y produjo una sensación muy similar a la que se sintió en tierra. Frente a Sanlúcar, el capitán del barco 'Nancy' sintió que su navío era sacudido tan violentamente que pensó haber embarrancado, pero, al echar la sonda, encontró gran profundidad de agua. El Capitán Clarke, de Denia, estando a los 36° 24' de latitud norte, entre las nueve y las diez de la mañana sintió que su barco era sacudido y esforzado como si hubiese encallado en una roca. Otro barco, a cuarenta leguas al oeste de San Vicente, experimentó una concusión tan violenta que los hombres fueron arrojados medio metro perpendicularmente hacia arriba sobre cubierta. En Antigua y Barbados, como también en Noruega, Suecia, Alemania, Holanda, Córcega, Suiza e Italia, se sintieron temblores y ligeras oscilaciones del suelo.

"La agitación de lagos, ríos y manantiales en Gran Bretaña fue notable. En Loch Lomond, Escocia, por ejemplo, el agua, sin la menor causa aparente, se elevó contra sus márgenes, y luego bajó mucho con relación a su nivel común. La mayor altura perpendicular de esta subida fue de 70 centímetros. Se dice que el movimiento de este terremoto fue ondulatorio, y que viajaba a la velocidad de 30 kilómetros por minuto. Una gran ola barrió la costa de España, y se dice que se elevó a 18 metros en Cádiz. En Tánger, África, se elevó y cayó 18 veces sobre la costa; en Funchal, Madera, se elevó perpendicularmente como cinco metros más arriba que la marea alta, aunque la marea, que allí sube o baja unos dos metros, estaba a la mitad de su descenso. Además de entrar en la ciudad y de ocasionar graves daños, inundó otros puertos de la isla. En Kinsale, Irlanda, una oleada se precipitó al puerto, hizo girar varios barcos, y se volcó sobre la plaza del mercado." 16

Si el lector busca en su atlas los países mencionados, verá cuán grande fue la parte de la superficie terrestre agitada por esa espantosa convulsión. Puede haber habido otros terremotos que fueron tan severos en ciertas localidades particulares, pero ningún otro proporciona todas las condiciones necesarias para constituirlo un suceso adecuado para marcar la apertura del sexto sello.

El oscurecimiento del sol A continuación del terremoto, según lo anunciado por la profecía, "el sol se puso negro como un saco de cilicio." Esta parte de la predicción se cumplió también. No necesitamos entrar aquí en detalles acerca del admirable obscurecimiento del sol que se produjo el 19 de mayo de 1780. La mayoría de los lectores habrán leído algún relato de lo ocurrido entonces. Las siguientes declaraciones aisladas, de diferentes autores, dan una idea de su naturaleza:

"Día Oscuro, el, 19 de mayo de 1780-así llamado a causa de una notable oscuridad que en aquel día se extendió por toda la Nueva Inglaterra. . . . La oscuridad empezó más o menos a las diez de la mañana y prosiguió hasta la medianoche siguiente, pero con cierta diferencia de grado y duración en diferentes puntos... La verdadera causa de este notable fenómeno no es conocida." 17

"En el mes de mayo de 1780 hubo en la Nueva Inglaterra un día oscuro muy aterrador, cuando todos los rostros parecieron ennegrecer, y la gente se llenó de temor. Hubo gran angustia en la aldea donde vivía Eduardo Lee, pues temían los hombres que estuviese llegando el día del juicio; y todos los vecinos se congregaron en derredor del santo, [que] pasó las lóbregas horas orando fervientemente por la angustiada multitud." 18

"La fecha de estas tinieblas extraordinarias fue el 19 de mayo de 1780--dice el profesor Williams.--Se presentaron entre las diez y las once de la mañana, y continuaron hasta la medianoche de la noche siguiente, pero con diferentes aspectos en diferentes lugares...

"La intensidad que alcanzaron las tinieblas fue diferente en los diversos lugares. En la mayoría de las localidades era tan grande que la gente no podía leer letra de imprenta común, determinar la hora que era por sus relojes, ni comer o atender sus tareas domésticas sin la luz de las velas. En algunos lugares las tinieblas fueron tan densas que la gente no pudo leer letra de imprenta común al aire libre durante varias horas seguidas; pero creo que tal no fue generalmente el caso.

"La extensión de esta oscuridad fue muy notable. Nuestra información al respecto no es tan completa como quisiéramos; pero por los relatos recibidos, parece haber alcanzado a todos los estados de la Nueva Inglaterra. Se la observó por el este hasta Falmouth (Portland, Maine). Hacia el oeste entendemos que llegó hasta los confines más alejados de Connecticut y Albany. Por el sur se la observó en todo el largo de las costas, y al norte hasta donde llegan nuestras poblaciones. Es probable que se extendió más allá que estos términos en algunas direcciones, pero no se pueden determinar los límites exactos por las observaciones que he podido reunir. "Con respecto a su duración, continuó en este lugar por lo menos catorce horas; pero es probable que no fue exactamente la misma en diferentes partes del país.

"El aspecto y los efectos fueron tales que ofrecían una perspectiva extremadamente lóbrega y apagada. Se encendieron velas en las casas; los pájaros, habiendo dejado oír sus cantos vespertinos, desaparecieron y callaron; las aves de corral se retiraron a sus gallineros; los gallos cantaban todos en derredor, como al amanecer; los objetos no podían distinguirse sino desde una distancia muy corta; y todo tenía el aspecto y la lobreguez de la noche." 19

"El 19 de mayo de 1780 fue un día oscuro notable. Se encendieron velas en muchas casas; las aves callaron y desaparecieron, y las aves de corral se retiraron a sus gallineros. . . . Prevalecía en forma muy general la opinión de que el día del juicio se acercaba." 20

El poeta Whittier pintó así la escena en una poesía bien conocida:

"En un día de mayo de aquel año
Mil setecientos y ochenta, fue
Cuando sobre las flores y lozana
Naturaleza de la primavera,
Cual mortaja cayó densa tiniebla
Y extendió horror por tierra y firmamento.
Calló el ave canora, y a sus gradas
Todas las de corral se retiraron;
Con paso lento las mugientes vacas
Se encaminaron hacia los establos;
En sus felpudas alas, los murciélagos
Lanzáronse al espacio; se apagaron
Los ruidos habituales del trabajo;
Por doquiera se oyó llanto y oración,
Y atentos los oídos se volvieron,
Para oír, rasgando el cielo, el estrépito
De la trompeta del juicio final."
21

"La luna se puso toda como sangre." Las tinieblas de la noche siguiente al 19 de mayo de 1780 fueron tan extraordinarias como las del día.

"Las tinieblas de la noche siguiente fueron probablemente tan densas como las más densas que se hayan observado desde que la orden del Todopoderoso hizo brotar la luz... No pude menos de pensar en el momento que si todo cuerpo luminoso del universo se hubiese quedado envuelto en sombras impenetrables, o hubiese cesado de existir, las tinieblas no podrían haber sido más completas. Una hoja de papel blanco sostenida a pocas pulgadas de los ojos era tan invisible como el terciopelo más negro." 22

"Por la noche . . . no fue tal vez nunca más oscuro desde que los hijos de Israel salieron de la casa de servidumbre. Estas densas tinieblas se mantuvieron hasta más o menos la una, aunque había sido plenilunio la noche antes." 23

Esta declaración acerca de la fase de la luna demuestra la imposibilidad de que hubiese en esa fecha un eclipse de sol. Cuandoquiera que la luna apareció durante esa noche memorable, como sucedió a ratos, tenía, de acuerdo con esta profecía, apariencia de sangre.

"Las estrellas del cielo cayeron." La voz de la historia vuelve a clamar: ¡Cumplido! Nos referimos a la gran lluvia de meteoros del 13 de noviembre de 1833, acerca de la cual bastarán algunos testimonios.

"Al oír gritar: '¡Mire por la ventana!' salté de la cama donde estaba durmiendo profundamente, y con asombro vi el oriente iluminado por la aurora y los meteoros. . . . Llamé a mi esposa para que contemplase el espectáculo; y mientras se estaba vistiendo, ella exclamó: '¡Mira cómo caen las estrellas!' Contesté; '¡Es el prodigio!' y sentíamos en nuestro corazón que era una señal de los últimos días. Porque en verdad las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera echa sus higos cuando es movida de gran viento.' (Apocalipsis 6:13.)

"¿Y cómo caían? Ni yo mismo ni ningún miembro de mi familia oímos explosión alguna; y si hubiese de buscar en la naturaleza un símil, no podría hallar ninguno tan adecuado para ilustrar la apariencia de los cielos, como el que usa San Juan en la profecía ya citada. '¡Llovió fuego!' dice uno. Otro: Era como una lluvia de fuego.' Otro aún: Era como los grandes copos de nieve que caen, antes de una tempestad que se acerca, o grandes gotas de lluvia antes de un aguacero.' Admito la idoneidad de estas comparaciones por su exactitud común; pero distan mucho de tener la exactitud de la figura usada por el profeta: Las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra.' No eran hojas ni copos ni gotas de fuego; sino que eran lo que el mundo entiende por estrellas fugaces;' y uno, al hablar a sus compañeros durante la escena, decía: '¡Mira cómo caen las estrellas!' y el que oía no se detenía a corregir la astronomía del que había hablado, como no se detendría a contestar: El sol no se mueve,' al que le dijera: Está saliendo el sol.' Las estrellas caían 'como la higuera echa sus higos cuando es movida de gran viento.' Esta es la exactitud del profeta. Los meteoros que caían no venían como de varios árboles sacudidos, sino como de uno solo. Las que aparecían en el este caían hacia el este; las que aparecían en el norte caían hacia el norte; las que aparecían en el oeste caían hacia el oeste; y las que aparecían en el sur caían hacia el sur (pues yo salí de mi residencia al parque), y no caían como caen las frutas maduras. Muy lejos de esto, sino que volaban, eran arrojadas, como fruta verde, que al principio se niega a abandonar la rama; y cuando se desprende, vuela velozmente, en derechura descendente; y en la multitud que caía algunas cruzaban la trayectoria de otras, como si fuesen arrojadas con mayor o menor fuerza." 24

"El más sublime fenómeno de estrellas fugaces que se haya registrado en la historia del mundo se presenció a través de los Estados Unidos la mañana del 13 de noviembre de 1833. No se ha establecido todavía con precisión toda la extensión que abarcó esta asombrosa manifestación, pero abarcó una porción considerable de la superficie terrestre. . . . La primera apariencia era la de un fuego de artificio de la más imponente grandeza, que cubría toda la bóveda celestial con miríadas de bolas de fuego semejantes a cohetes voladores. Sus fulgores eran brillantes, resplandecientes e incesantes. Y caían con la frecuencia de los copos de las primeras nieves en diciembre. En comparación con los esplendores de esta exhibición celestial los cohetes voladores y los fuegos de artificio más brillantes no son más que el titilar de la menor estrella frente al resplandor del sol. Los cielos enteros parecían estar en movimiento, y sugerían a algunos la pavorosa grandiosidad de la imagen empleada en el Apocalipsis con referencia a la apertura del sexto sello, cuando las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera echa sus higos cuando es movida de gran viento.'"25

"Después de recoger y colacionar los relatos presentados en todos los periódicos del país, y también por numerosas cartas dirigidas a mí mismo o a hombres de ciencia amigos míos, los siguientes me parecen ser los hechos principales en relación con el fenómeno. La lluvia de meteoros cubrió casi todo el territorio norteamericano, habiéndose presentado con esplendor casi igual desde las posesiones británicas en el norte hasta las Antillas y Méjico por el sur, y desde el grado 61 de longitud al este de la costa americana hasta el océano Pacífico por el oeste. A través de esta inmensa reglón, la duración fue más o menos la misma. Los meteoros empezaron a llamar la atención por su frecuencia y brillo inusitados desde las nueve a las doce de la noche; su apariencia fue más sorprendente de las dos a las cinco; llegaron a su máximo, en muchos lugares, a eso de las cuatro; y continuaron hasta que la luz del día los hizo invisibles." 26

"El espectáculo debe haber sido del orden más sublime. El apóstol Juan pudo tenerlo presente cuando dijo, en el pasaje referente a la apertura del sexto sello: 'Y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera echa sus higos cuando es movida de gran viento.' " 27

"El cielo se apartó como un libro." Este acontecimiento dirige nuestra atención hacia el futuro. Después de examinar lo pasado y contemplar el cumplimiento de la palabra de Dios, se nos invita ahora a mirar acontecimientos futuros, que vendrán con no menor seguridad. Nuestra posición queda definida en forma inequívoca. Nos encontramos entre el vers. 13 y el 14 de este capítulo. Aguardamos el momento en que los cielos se apartarán como un libro cuando es envuelto. Estos son tiempos de la mayor solemnidad e importancia, porque no sabemos cuán cerca podemos estar del cumplimiento de estas cosas.

Este apartamiento de los cielos está incluido en lo que los autores de los Evangelios llaman, en la misma serie de acontecimientos, la conmoción de las potestades de los cielos. Otros pasajes nos dan más detalles acerca de esta predicción. De Hebreos 12:25-27; Joel 3:16; Jeremías 25:30-33; Apocalipsis 16:17 aprendemos que la voz de Dios, cuando él hable desde los cielos, será la que ocasione esta espantosa conmoción de la tierra y del cielo. Una vez habló el Señor con voz audible, cuando dio su ley eterna desde el Sinaí. Entonces la tierra tembló. Va a hablar de nuevo, y no sólo temblará la tierra, sino también los cielos. Entonces "temblará la tierra vacilando como un borracho." "Será removida, . . . y caerá." (Isaías 24.) Las montañas se moverán de sus firmes bases. Las islas cambiarán repentinamente de lugar en medio del mar. De la llanura surgirán montañas escabrosas. Rocas desgarradas brotarán de la quebrantada superficie de la tierra. Mientras la voz de Dios repercuta sobre la tierra, reinará la mayor confusión sobre la faz de la naturaleza.

Para convencerse de que esto no es una simple fantasía de la imaginación, basta leer las frases exactas que algunos de los profetas usaron con referencia a ese tiempo. Isaías dice: "Se Quebrantará del todo la tierra, enteramente desmenuzada será la tierra, en gran manera será la tierra conmovida. Temblará la tierra vacilando como un borracho, y será removida como una choza; y se agravará sobre ella su pecado, y caerá, y nunca más se levantará." (Isaías 24:19, 20.) En lenguaje igualmente emocionante Jeremías describe la escena como sigue: "Miré la tierra, y he aquí que estaba asolada y vacía; y los cielos, y no había en ellos luz. Miré los montes, y he aquí que temblaban, y todos los collados fueron destruidos. Miré, y no parecía hombre, y todas las aves del cielo se habían ido. . . . Porque así dijo Jehová: Toda la tierra será asolada." (Jeremías 4:23-27.)

Entonces quedará efectivamente destruido el sueño de seguridad carnal que ha estado elaborando este mundo. Los reyes que, intoxicados con su propia autoridad terrenal, no soñaron nunca que pudiese haber un poder superior al suyo, comprenden ahora que hay Quien reina como Rey de reyes. Los grandes contemplan la vanidad de toda la pompa terrenal, porque hay una grandeza superior a la de la tierra. Los ricos arrojan su oro y su plata a los topos y murciélagos, porque no los pueden salvar en ese día. Los capitanes se olvidan de su breve autoridad, y los poderosos se olvidan de su fuerza. Todo siervo que se halla en la peor servidumbre del pecado, y todo libre, es decir todas las clases de impíos, desde los más encumbrados hasta los más humildes, participan del lamento general de consternación y desesperación.

Los que nunca oraron a Aquel cuyo brazo podía darles salvación, elevan ahora una plegaria agonizante a las rocas y las montañas para que los sepulten para siempre y los oculten de los ojos de Aquel cuya presencia les trae destrucción. Bien quisieran evitar ahora la siega de lo que sembraron por una vida de concupiscencia y pecado. Bien quisieran huir de la ira que han estado acumulando sobre sí para ese día. Bien quisieran hundirse con su catálogo de crímenes en las tinieblas eternas. Así que huyen a las rocas, las cuevas, cavernas y grietas que les ofrece ahora la quebrantada superficie de la tierra. Pero es demasiado tarde. No pueden ocultar su culpabilidad ni escapar a la tan demorada venganza.

El día que ellos pensaron no vendría nunca los ha sorprendido finalmente como una trampa, y el lenguaje involuntario de su corazón angustiado es: "El gran día de su ira es venido; ¿quién podrá estar firme?" Antes que llegue ese día con sus escenas pavorosas, te rogamos, lector, que prestes la más seria y sincera atención a tu salvación.

Muchos hacen gala de despreciar ahora la oración, pero en un momento u otro los hombres han de orar. Los que no quieran rogar ahora a Dios con penitencia rogarán entonces a las rocas y las montañas con desesperación; y ésta será la mayor reunión de oración que se haya celebrado jamás.


1 Felipe Schaff, "History of the Christian Church," tomo 2, pág. 7.

2 Id., pág. 8.

3 Id., pág. 11.

4 Kenneth Scott Latourette, "A History of the Expansion of Christianity " tomo 1, pág. 159.

5 Id., pág. 273.

6 Juan L. Mosheim, "An Ecclesiastical History," tomo 1, págs. 364, 365.

7 Id., pág. 368.

8 Guillermo Miller, "Evidence from Scripture and History of the Second Coming of Christ," pág. 176.

9 Ibid.

10 Ibid.

11 Adán Clarke, "Commentary on the New Testament," tomo I, pág. 994, nota sobre Apocalipsis 6:9.

12 Alberto Barnes, "Notes on Revelation," pág. 190, 191, comentarios sobre Apocalipsis 6 .9-11.

13 Roberto Sears, "Wonders of the World," pág. 50.

14 Id.. pág. 58.

15 Id., pág. 381.

16 A. R. Spofford y Carlos Gibbon, "The Library of Choice Literature," tomo 7, págs. 162, 163.

17 Noé Webster, ''Vocabulary of the Names of Noted . . . Persons and Places," en "An American Dictionary of the English Language," ed. de 1882.

18 "Some Memorials of Edward Lee," en "The Publications of the American Tract Society," tomo 11, pág. 376.

19 Samuel Williams, en "Memoirs oí the American Academy of Arts and Sciences," tomo I, págs. 234, 235.

20 Timoteo Dwight, citado por Juan W. Barber, "Connecticut Historical Collections," pág . 403.

21 Juan G. Whittier, "Abraham Davenport," en "Complete Poetical Works," pág. 260.

22 Samuel Tenny, en "Collections of Massachusetts Historical Society for the Year 1792," tomo 1, págs. 97, 98.

23 "Gazette," de Boston, del 29 de mayo, 1780.

24 "Journal of Commerce," de Nueva York, del 14 de noviembre, 1833, tomo 8, N° 534, pág. 2.

25 Elias H. Burritt, "The Geography of the Heavens," pág. 163.

26 Denison Olmstead, "The Mechanism of the Heavens," pág. 328

27 Edwin Dunkin, "The Heavens and the Earth," pág. 186.

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