Las Profecías del Apocalipsis

Capítulo 8 · El Colapso del Imperio Romano


El Séptimo sello

VERS. 1: Y cuando él abrió el séptimo sello, fue hecho silencio en el cielo casi por media hora.

El primer versículo de este capítulo se relaciona con los sucesos mencionados en los capítulos anteriores, y por lo tanto no debiera estar separado de ellos por la división del capítulo. Aquí se reanuda y se concluye la serie de los siete sellos. El sexto capítulo del Apocalipsis termina con la exposición de los sucesos del sexto sello, y el octavo empieza con la apertura del séptimo sello. De ahí que el séptimo capítulo represente un paréntesis entre el sexto sello y el séptimo, y es aparente que el sellamiento de Apocalipsis 7 pertenece al sexto sello.

Silencio en el cielo El sexto sello no nos lleva hasta la segunda venida de Cristo, aunque abarca acontecimientos estrechamente relacionados con esa venida. Introduce las espantosas conmociones de los elementos, en las cuales se apartan los cielos como un libro que se arrolla, se desgarra la superficie de la tierra, y los impíos confiesan que ha llegado el gran día de la ira de Dios. Se hallan indudablemente a la expectativa de ver al Rey aparecer en gloria. Pero el sello no llega hasta ese acontecimiento. La aparición personal de Cristo debe, por lo tanto, ocurrir durante el siguiente sello.

Cuando aparece el Señor, viene con todos los santos ángeles. (Mateo 25:31.) Cuando todos los tañedores de arpa celestiales abandonan los atrios de Dios para venir a esta tierra con su divino Señor mientras desciende a buscar los frutos de su obra redentora, ¿no habrá silencio en el cielo? Este período de silencio, si lo consideramos como tiempo profético, durará más o menos siete días.

VERS. 2: Y vi los siete ángeles que estaban delante de Dios: y les fueron dadas siete trompetas.

Este versículo introduce una nueva y distinta serie de eventos. En los sellos tenemos la historia de la iglesia durante lo que llamamos la era cristiana. En las siete trompetas que se introducen ahora tenemos los principales acontecimientos políticos y bélicos que se producen durante el mismo tiempo.

VERS. 3-5: Y otro ángel vino, y se paró delante del altar, teniendo un incensario de oro; y le fue dado mucho incienso para que lo añadiese a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono. Y el humo del incienso subió de la mano del ángel delante de Dios, con las oraciones de los santos. Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y echólo en la tierra; y fueron hechos truenos y voces y relámpagos y terremotos.

Después de introducir a los siete ángeles sobre el escenario en el versículo 2, Juan llama por un momento nuestra atención a una escena completamente diferente. El ángel que se acerca al altar no es uno de los siete que reciben las trompetas. El altar es el del incienso, que en el santuario terrenal se encontraba en el primer departamento. Encontramos, pues, aquí otra prueba de que hay en el cielo un santuario con sus correspondientes enseres para el servicio. Era el original del que el terrenal era una figura; y las visiones de Juan nos llevan al interior de ese santuario celestial. Vemos realizarse en él un ministerio en favor de todos los santos. Indudablemente se nos presenta aquí toda la obra de mediación que se lleva a cabo en favor del pueblo de Dios durante la era evangélica. Esto se desprende del hecho de que el ángel ofrece su incienso con las oraciones de todos los santos. El acto del ángel al llenar de fuego su incensario y arrojarlo a la tierra evidencia que esta visión nos lleva al fin del tiempo, y por este acto indica que su obra ha terminado. Ya no se han de ofrecer más oraciones mezcladas con incienso. Este acto simbólico puede aplicarse tan sólo al momento en que termine para siempre en el santuario el ministerio de Cristo en favor de la humanidad. Después de aquel acto del ángel, hay voces, truenos, relámpagos, y terremotos; exactamente lo que según se nos dice en otra parte, ha de suceder cuando termine el tiempo de gracia de los hombres. (Véase Apocalipsis 11:19; 16:17, 18.)

Pero ¿por qué se insertan estos versículos aquí? Constituyen un mensaje de esperanza y consuelo para la iglesia. Han sido introducidos los siete ángeles con sus trompetas bélicas; se van a producir escenas terribles cuando toquen esas trompetas; pero antes que empiecen a tocar, se le hace ver al pueblo de Dios la obra de mediación que en su favor se realiza en el cielo, y se le induce a contemplar lo que será la fuente de su fortaleza y ayuda durante ese tiempo. Aunque sea arrojado a las tumultuosas olas de la guerra y contienda, debe recordar que su gran Sumo Sacerdote sigue ministrando por él en el santuario celestial. Hacia ese lugar sagrado podrá dirigir sus oraciones con la seguridad de que serán ofrecidas con incienso a su Padre celestial. Así podrá obtener fuerza y sustento en toda su tribulación.


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