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Año Bíblico: Génesis 12 - 15

4 de enero 

AMOR INCONMENSURABLE

Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. (Jer. 31:3)


Los que no conocen a Dios no pueden hallarlo mediante su sabiduría ni su ciencia. Cristo no trata de demostrar el gran misterio, sino que revela un amor inconmensurable. No hace del poder y la grandeza de Dios el tema principal de sus discursos. Con la mayor frecuencia habla de él como Padre nuestro. . . Desea que nuestra mente, debilitada por el pecado, sea animada a que capte la idea de que Dios es amor. Desea alentarnos con su confianza. . .

El padre del hijo pródigo es el modelo que Cristo elige como una representación de Dios. Ese padre anhela ver y recibir una vez más al hijo que lo ha abandonado. Lo espera y vela por él, ansiando verlo, esperando que venga. Cuando ve que se acerca un extraño, pobre y vestido con harapos, sale a recibirlo, por si fuera su hijo. Y lo alimenta y viste como si fuera realmente su hijo. Más tarde recibe su recompensa, pues su hijo vuelve al hogar y en sus labios lleva la confesión suplicante: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo". Y el padre dice a los siervos: "Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta" (Luc. 15: 21-23).

No hay reprimendas ni se hacen cuentas con el pródigo por su mal proceder. El hijo siente que el pasado está perdonado y olvidado, raído para siempre. Y así Dios dice al pecador: "Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados" (Isa. 44: 22). "Perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado" (Jer. 31: 34). . .

El cielo espera y anhela el regreso de los pródigos que se han alejado del redil para vagar. Muchos de los que se han descarriado pueden ser rescatados por el servicio amante de los hijos de Dios. . .

Pensemos en el Padre que se somete a sí mismo al dolor, que no perdona a su propio Hijo, sino que lo entrega gratuitamente por todos nosotros. . . ¡Ojalá tuviéramos una mejor comprensión de su amor! (Manuscrito 76, 1903).


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